Lobos Sucios

Alberto Morate

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El wolframio mancha. El wolframio mata. El wolframio fue causa de represión, de castigos, de muertes, de huidas, de resistencia, de clandestinidad,… incluso podría haber sido materia de brujería, de envidias, de intereses políticos y bélicos, de envidias, de historias de solidaridad y amor perdidas y olvidadas, de túneles, de guaridas, de cuevas, de tejos milenarios, de sombras, de lobos buenos que defienden su jauría, de lobos que se ensucian para impedir la tropelía, de hienas que exterminan la vida.

Lobos Sucios es una película de Simón Casal con guion de Carmen Abarca, Paula Cons, Felipe Rodríguez y Noelia del Río. Interpretada con una gran sensibilidad y credibilidad, principalmente, por Marian Álvarez, Manuela Vellés, Isak Férriz, Pierre Kiwitt,…

Y nos sobrecoge la historia, poco conocida. La explotación de una mina de wolframio en 1944 en Galicia para las fábricas de armamento de los nazis en plena guerra europea. Basada, en principio, en lo que iba a ser un documental, el argumento nos mantiene en tensión, nos emociona, nos produce angustia.

El director va contándonos el relato de forma casi mágica, con sus claros y sus sombras, con la intriga necesaria para tomar partido por los desfavorecidos, por los lobos sucios, y hace que comprendamos el esfuerzo de los protagonistas, y la calidad humana de estos personajes basados en personas reales, que nos ponen el corazón en un puño y la lágrima en el ojo, y la indignación en el recuerdo. Porque estas historias hay que darlas a conocer, porque el pasado no puede negarse, porque siempre habrá lobos que, aunque se ensucien, pelearán a muerte cualquier forma de injusticia.

Gran película de acción, de intriga, de amor, de lucha, y ¡es cine español!, para que no se diga.