Play Out, muriendo de éxito

Alberto Morate

Acabar, o nunca darlo por terminado. Éxito y fracaso. Tan íntimamente unidos, tan entrelazados a veces que se confunden. Un paso puede diferenciarlos. Una opinión, un punto de vista, un acto fortuito o premeditado.

Uno se pasa la vida buscando la aprobación de los demás. Es verdad que cuando se empieza, se hace por satisfacción propia. Pero luego, más adelante, nos creemos algo. Y necesitamos alimentar el ego con los halagos.

Un escritor de éxito relativo, de repente, con su desaparición, se convertirá en intelectual de culto. Pero no es él que lo provoca, son sus allegados. Y la mentira va creciendo. Porque es agradable ver cómo, a través de lo que se ha forjado, otros empiezan a ser considerados. Un mundo de apariencias y andamios. Pero detrás de la fachada, el edificio está hueco y desahuciado.
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Los Morancos, Antónimos y no anónimos

Alberto Morate

 

 

César Cadaval y Jorge Cadaval, monta tanto, tanto te monda, Jorge Cadaval y César Cadaval, tanto monta, montaje estrafalario. En el buen sentido de la palabra. Nada Antónimos, compenetrados. Nada anónimos, conocidos y venerados. Teatro lleno, carcajadas que resuenan y aplausos frenéticos.

Se presentan tal cual son ellos, los personajes asimilados, la realidad de ellos y la ficción de sus cuentos, de sus gags, de sus inventos y juegos de palabras, de sus diálogos extremos. Lo que cuentan exagerado. Despellejando sin sutilezas a políticos y famosos de medio pelo.

Las gracias chabacanas, que es lo que le gusta al pueblo. Los gritos de Omaíta y Antonia, televisivos y pendencieros. Una historia personal eterna donde improvisan y se ciñen a lo preparado antónimamente, para hacer gala del título, aunque no venga mucho a cuento.

Chistes viejos, pero que siguen haciendo reír, porque la gracia está en cómo se cuentan y en qué momento. Las canciones de éxito retocadas las letras para acercamiento de la ironía, de la crítica, de la realidad social y política tomada con gracejo.

Dos horas en el escenario y el público tan contento. Todo un éxito.

Toc Toc, ¡adelante!

Alberto Morate

Vivir con un TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo, no debe ser nada fácil. Ni para quien lo padece ni para quien está cerca del mismo. Sin embargo, Laurent Baffie escribe una comedia hilarante, llena de ritmo, de diálogos ágiles y frescos,… agrupando en una sola sesión y en una única sala a seis individuos que dejados solos, aparentemente, por su psiquiatra, deberán intentar comprenderse y se intentan ayudar de una forma muy peculiar. Tan peculiar como lo son ellos.

La versión española la firma Julián Quintanilla, y la dirige Esteve Ferrer, que también interpreta al personaje obsesionado con el cálculo y los números. Será el alma de ese grupo que se mueve por impulsos repetitivos. El que se le escapan los insultos, la beata que tiene que comprobar cada acción que hace y nunca está segura, la que lo repite todo dos veces, el que no puede pisar ninguna línea y la que tiene aversión a bacterias y bichitos y necesita lavarse constantemente y no admite contacto físico.
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Tarzán, el musical, muy mono

Alberto Morate

 

La naturaleza viva. Muy viva. Latente. La selva que cada vez es menos salvaje, ya no queda nada por explorar, siempre alguien quiere sacar provecho, beneficio, la codicia de apropiarse de algo indebidamente, y que además es de todos.

Está bien que se fomenten en el teatro los valores de esos paraísos antes inexplorados e inhabitados y que ahora conoce y pasea tanta gente.

Con Tarzán, el musical son varios los beneficios que encontramos de forma atrayente.
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La Casa de Bernarda Alba, ¡silencio!

Alberto Morate

 

Cuando es el final, el culmen de esta gran obra, de esta gran tragedia de Lorca, nuestro Lorca, los espectadores miran al suelo. O al infinito. O a su interior. Es tan dura la escena, de tanto dramatismo, que nos da apuro mirar la desgracia cara a cara. Soberbio. Pero las actrices que están en el escenario tienen el corazón roto como una granada que ha estallado. Hecho pedazos. Hay tensión, tragedia, silencio. El silencio que pide Bernarda para ocultar lo que estaba sucediendo. No quería verlo. Y mira que Poncia lo estaba advirtiendo. Pero se va mascando el dolor, los sentimientos que quieren manifestarse a toca costa; no es el potro garañón el que da coces, es la palabra, es el amor, es el sufrimiento.
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Lisístrata Cabaret

Alberto Morate

 

Desde que el mundo es mundo y desde que el sexo es sexo. A la par, yo creo que crecieron. Por eso, entre otras cosas, se ha ido poblando este planeta pequeño. Aristófanes ya sabía de eso. Y de teatro. 400 años antes de Cristo y ya se preocupaba por guerras, la del Peloponeso, por ejemplo, y en clave de humor escribe y representa argumentos relacionados con estos hechos. Y también, como hoy en día, hay obsesión por el sexo.

En Lisístrata se plantea algo impensable en ese momento. Que si la guerra no acaba, las mujeres no satisfarán el deseo de sexo de sus hombres. Que ya está bien de dejarlas solas, volver, echar uno rápido, y volver corriendo a partirse el ego. Lisístrata consigue convencer a sus correligionarias de que no practiquen más sexo mientras no se firme la paz y todos sus derechos. Huelga de sexo, de lo más difícil de llevar a buen término. ¡Qué bueno!
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Cuento de Navidad, siempre

Alberto Morate

 

Hay cosas que se repiten periódicamente y no importa que suceda. Al contrario, si en una época faltan, se echan de menos y se recuerdan con nostalgia. En el período de Navidad es también lógico que se arraiguen ciertas tradiciones.

Entre ellas está recordar el gran argumento del insigne y estupendo escritor Charles Dickens con su Cuento de Navidad. Esencia pura de ese espíritu benevolente que nos acompaña en estas fechas de reencuentros, de deseos de felicidad, de regalos, de ayudas a los necesitados, de villancicos y de nieve, de balance de todo un año, de propósitos nobles y de mejora,…. En definitiva, la Navidad con todos sus alicientes.

Y, por tradición, poner en pie esta historia de una manera o de otra, nos hace reflexionar sobre las relaciones sociales, sobre penurias y soledades, sobre necesidades, arrepentimientos y quereres.
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Aire Siempre de Viaje

Alberto Morate

 

Si estás porque piensas en irte y si estás fuera porque te pienso. Desde que te conozco, desde que nos conocemos, la atracción y el desencuentro. Te necesito y quiero estar solo. Si estoy solo te busco, no sé por qué me pasa esto.

Hay algo más que amor, porque amar es la ausencia. Hay querer queriendo, pero lo que no hay es vuelta atrás, aunque en el texto haya saltos al pasado todo el tiempo. Pero no son saltos al recuerdo exactamente, son vivencias, son sentimientos que nunca pasan del todo porque quedan dentro.

Nadia y Fer, viven y sienten, en uno y lejos. Fer y Nadia dando vueltas en bicicleta al universo interno, círculos amarillos y azules para no llegar al verde que da la calma, nada es como antes, nada fue como supusieron. Pedaleando uno llega donde no se espera, y el viento, a veces, nos impide avanzar y nos frena, porque el viento es Aire siempre de viaje, y tiene envidia del que se queda, y tiene celos del que avanza porque quiere ser su compañero.

¡Qué buen texto! De Sara García Pereda. Y Pablo Canosales que lo asume como poema hecho teatro, al que hay que hacerlo de carne y hueso, emanando emociones, volviendo, siempre volviendo. Tanto el que se marcha, como la que se queda, que quizás ha ido más lejos, como el director que se busca a sí mismo y quiere que lo encontremos, como el texto que fluye en sus versos, en su ritmo interno.

Y Violeta Orgaz y Juan Caballero que se compenetran incluso cuando no se miran. Que cuando se miran, se besan, que se les nota el abismo en el medio. Que aportan su propia sensibilidad y un enorme esfuerzo. El esfuerzo de creérnoslos. Lo consiguen. Uno disfruta con esta amalgama de colores, de pensamientos, de buena interpretación, de palabras, de silencios, de fuego, de pasión, de emociones, de recuerdos, de teatro sincero. Que el Aire siempre de viaje se quede con ellos.

El candidato

Alberto Morate

Escena de la obra de teatro El candidato, en la que aparece una protagonista con una gran capa al lado de una estatua.

 

Que todos somos candidatos, tarde o temprano. Desde que nacemos. Candidatos a un puesto de trabajo. Candidatos a una forma de vida. Candidatos a un pensamiento, o varios. Candidatos a sufrir, candidatos a amar, candidatos a perdernos por los caminos insondables de la suerte que nos ha tocado, de los laberintos, de la familia, de los sentimientos.

El Candidato de Miguel Ribagorda, en este caso, es un monje que aspira a ser santo. Mañana será un político no corrupto (si es que quedaran), pasado podemos ser nosotros mismos. La cuestión es que nos espera la gloria efímera o el más absoluto de los obstracismos. ¿Qué es en realidad lo que queremos?

Lo dirige David Ojeda pero, en realidad, es un ángel cabaretero. Se suceden imágenes fantasmales y recuerdos. La tentación y el pundonor. Los remordimientos. El deseo. Es un cúmulo de palabras, situaciones, texto, canciones, gárgolas, misterios. Y todo dependerá de responder bien a una sola pregunta.

Pero esa pregunta es una pregunta sobre la vida. Sobre lo que uno siente por dentro. Sobre los miedos y las frustraciones, sobre las pasiones, sobre el querer seguir siendo.

El propio Miguel Ribagorda lo interpreta junto con Fran García Y Virginia Hernández. Arriesgan, gritan, se arrastran, rezan, bailan, seducen, sufren,… tan real como la vida misma, aunque en el escenario sea una farsa. ¿O es en la vida dónde es una farsa? ¡Cuidado!, porque el próximo candidato puede que sea usted, aun sin saberlo.

Bodas de sangre, la oscura raíz del grito

Alberto Morate

Con un cuchillo, con un cuchillito, se puede rasgar la carne de un hombre. Con ese mismo cuchillo se puede tentar a la muerte. A Lorca no lo mató un cuchillo, pero también habla en Bodas de sangre de pistolas y venganzas. De vaticinios de muerte. De enfrentamientos sin sentido. Y el agua que corre por el río está manchada de sangre, de barbas granate. Esta tragedia rural es un modelo de construcción dramatúrgica. De personajes heridos, de soledades,… Es también la voz del pueblo, el qué dirán, los dimes y diretes, unos contra otros, y el suelo que tiene sed, como los cuerpos tienen hambre de amor y sexo.

Pablo Messiez, en su lectura para el Centro Dramático Nacional, le ha quitado dramatismo. Tragedia. Rudeza. Lo ha trasladado a nuestros días, pero no es lo mismo. La fiesta de la boda no es una fiesta premonitoria. Los personajes parece que no se encuentran previamente. Es como si todo surgiera de repente. Y no. La muerte debe mascarse desde el principio. Sí, la muerte anda desnuda por los caminos, pero no es suficiente. No es necesario acercar esta tragedia a nuestros días, porque todos los días está ocurriendo. Y lo sabemos. Y queremos mascar el polvo de una tierra yerma, que hay que sacar adelante con mucho esfuerzo. Y de una madre sola que ve cómo su hijo camina hacia al abismo. Y cómo Leonardo no puede gritar de repente, “esta canción me encanta” y bailar como si no estuviera urdiendo convertir las bodas en sexo primero, es sangre después. En los bailes no hay un macho y una hembra hambrientos de cuerpos. Una madre que sufre por dentro. Una mujer desolada y que intuye un destino más sola todavía. No hay una navaja de plata afilándose y brillando al rayo de la luna desnuda. No hay un grito, una tierra de sangre y lágrimas, donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.

Menos mal que tenemos el texto, la poesía, el argumento imperecedero de Lorca y su cuchillo. También Gloria Muñoz, en una madre rota por dentro y por fuera nos conmueve. Lola Membrives y Margarita Xirgú representaron Bodas de sangre. María Guerrero no lo hizo, pero ya que estamos en su teatro, que resuene ese grito trágico es magnífico.