No hay mejor defensa que un buen tinte

Alberto Morate

Volvemos a la peluquería “Corta Cabezas”, con el riesgo de que vuelvan a secuestrarnos, pero a base de risas y despropósitos. En esta ocasión, el pulcro Fernando, interpretado por Mario Alberto Díez, ya es el dueño del establecimiento y, contra todo pronóstico, admite que su negocio se vea acrecentado y próspero por el empeño de sus dos nuevos empleados. Martha y Gustavo, los actores Carmen Navarro y Fran Arráez respectivamente, consiguen que acudan a cortarse el pelo, teñirse, hacerse rizos, o las mil y una posibilidades peludas del cuero cabelludo, desde el mindundi mayor de reino, hasta la mismísima Salma Hayek. Sin embargo, su empleada y socia guarda un secreto, un misterio que hará que sus dos hijos gemelos, después de varios años, quieran sacarle todo el dinero que atesora, no sabemos exactamente por qué. Pero la doble o triple personalidad de Gustavo se convertirá en el peor enemigo de estos ingenuos vástagos. Y de ir a extorsionar a su desvalida madre, acabaremos asistiendo a una comedia de locura y excentricidades, un poco gore sin recrearse en ello, con un algo de teatro policiaco y del absurdo, y un mucho de comedia de enredo.


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Lavar, Marcar y Enterrar

Alberto Morate

 

De todos es sabido que en una peluquería puede pasar casi cualquier cosa. Simplemente por lo que cuentan peluqueras y clientas. Hablo en femenino, pero bien pudiera decir lo mismo de las llamadas peluquerías de caballero. Aunque está muy extendido ya el que sean unisex o mixtas. El caso es que ahí, en ellas, se chismorrea, se afirma, se jura y se conjura, se pone la mano en el fuego, se critica, se alaba, se arregla el mundo o se despotrica. Eso, a ojos vista. O mejor dicho, a pelos despeinados.
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¡Ay, Carmela!

Alberto Morate

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¡Ay, Carmela! ya es un clásico. Pocas obras de teatro pueden decir eso estando su autor vivo, muy vivo. Impartiendo sus cursos y su magistral forma de entender la escena. Y siempre la obra emociona. Y siempre se pone un nudo en la garganta y, al mismo tiempo, hace sonreír e incluso reír. Porque ¡Ay, Carmela!  es un texto redondo. ver más

Mucho ruido y pocas nueces, mucho enredo y un poco de Shakespeare

Alberto Morate

La grandeza de Shakespeare es que lo mismo te escribía un drama trágico aristotélico y terrible, que compone una comedia con un apreciable juego del lenguaje, una trama burlesca y un sinfín de enredos amorosos. Y encima perfilaba a la perfección sus personajes, urdía tramas enrevesadas, sin dejar de lado un inquietante matiz dramático.

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Pequeños dramas sobre arena azul, una fábula diferente.

Alberto Morate

Uno entra al “Espacio off” del Teatro Lara como si lo hiciera al salón de una vieja y coqueta casa, sobria pero con gusto, con los elementos imprescindibles y, al mismo tiempo, necesarios. Un personaje se aburre sin mostrar curiosidad más allá de ese ventanal grande que es la cuarta pared. De vez en cuando come, de vez en cuando juega. Nunca ha visto la luna. Todavía es virgen. Es inocente y burgués. Pero esto lo sabremos más adelante. Pronto aparecerá la que, creemos es su compañera, comparten piso, comparten afabilidad. Y un tercer personaje, el más entrañable e ingenuo, el que es capaz de darlo todo por nada, e incondicional, forman un trío bien avenido, con sus diferencias, con sus temores, con sus emociones y sus hastíos, con sus costumbres y sus anhelos y esperanzas.

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