Cuatro corazones con freno y marcha atrás, para seguir viviendo

Alberto Morate

Jardiel Poncela, don Enrique, siempre es revisitable, en cualquiera de sus comedias.

Con cualquiera de sus títulos. No pasan de moda sus ideas, ni su humor, ni su sagacidad, ni su chispa irónica, ni su ingenio. Tuvo, tiene, la habilidad de adelantarse a su tiempo y llegar a ser inmortal, como los personajes de Cuatro corazones con freno y marcha atrás. Aunque en ciertas épocas haya estado un tanto denostado. Jardiel era un hombre pleno de teatro y, con su humor, supo tratar ciertas ideas casi visionarias, principalmente sociales, saliéndose del naturalismo y realismo imperante en la época.

Representar a Jardiel casi siempre es signo de garantía para quien lo afronta.

Si lo hace bien, claro. Porque hay que tratarlo con sumo respeto, y captar esa esencia inteligente del absurdo, no exagerando los chistes, sino diciéndolos de forma natural, como parte intrínseca de los personajes. Ahí está la crítica a esa sociedad que lo ensalzó y lo repudió también, porque la envidia es muy cochina y porque, como dijo él, “si buscáis los máximos elogios, moríos”, ya que en vida no se acepta el éxito por méritos propios.
ver más

NIGHT, mujeres malditas

Alberto Morate

Tres colores predominan en el escenario: blanco, negro y rojo.

Está claro que el rojo es la sangre, es la pasión, puede ser el sufrimiento, el fuego, el erotismo, la atracción, la fuerza, el vigor. El blanco es la pureza, la paz de la lectura, el color de las hojas de los libros que nos rodean, que se abren a un mundo de imaginación y sentimientos, que nos alivia de la soledad y del tedio, es la libertad, la sinceridad, la virginidad, el optimismo. Y el color negro es la noche, el misterio, la elegancia, la sensualidad, en algún caso también la muerte, es cierto, la nostalgia, puede ser el mal, la negatividad.

En Night, los tres colores se mezclan, se fusionan, se complementan. Y se respira en el escenario un ambiente de romanticismo tenebroso, de movimientos lentos, de golpes de corazón.

En Night nos vienen a contar la necesidad del poder de la palabra a través de las historias que se encuentran en los libros. Árboles que dan hojas escritas, alcorques regados con títulos, la cama con el abrigo de la lectura. Y ahí nace la leyenda de los poetas malditos, de la vindicación de la mujer por ser algo más que un objeto, de la creatividad de la imaginación y de los símbolos que nos emocionan.

Una música penetrante y viva nos traslada hasta las noches en las que Sherezade le contaba cuentos al gran sultán. Y las mujeres malditas, las ninfas, las geishas, las gracias, las sirenas, las ondinas, náyades,… todas, bailan y se mueven cadenciosamente y con una gran armonía. A golpe de corazón, de pulso de la sangre. Y despiertan y sueñan. Aunque nunca hay sensación de peligro. Al contrario, hay sensualidad, deseo, provocación, libertad, locura.

El espectáculo se mueve con ese vaivén de olas del mar, con el lenguaje del viento que mueve las ramas de los árboles y los brazos de las bailarinas, con el ritmo suave de una pasión contenida.

Myriam Soler y Cristiane Azem han inoculado el veneno de la expresión corporal en su cuerpo de baile. Y han coreografiado con gestos las palabras y los versos, los han hecho realidad a través del movimiento.

Teatro, literatura e historia; belleza, elegancia y sentimientos; música, poesía y danza. Eso es este espectáculo. Ni más ni menos.