YERMA, ¡ay!

Alberto Morate

Yerma. ¡Ay, Yerma! Lorca. Mi Lorca. Federico. Tragedia de drama rural. Tragedia de dramaturgo. Tragedia de quien quiere tener vida y encuentra la muerte. Encuentra la sequedad de su cuerpo. Encuentra que los campos y los olivos florecen y dan fruto y ella se queda seca. Tragedia que no pasa de tiempo, aunque podamos pensar que el tema está obsoleto. Nada más lejos. ¡Ay!

Se puede decir, “ya nadie suspira por no poder tener hijos propios”, pero no es así. Las clínicas de fertilidad están cada vez más llenas de mujeres que buscan desesperadamente engendrar sus propios vástagos. Pero Lorca no se queda ahí.

Yerma es la paradoja de quien busca la libertad entregándose por completo. Crear. Aunque se sufra, ¡ay!, y los pechos se agrieten por dar de mamar. Pero de esa forma ella misma se alimenta. Lo necesita. Y si no lo tiene, se irá empobreciendo. Y más.
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