Orgasmos, me debes uno… o cuatro

Alberto Morate

“No te lo pierdas en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía”

Una vez más nos ponen en el escenario la visión, más o menos cómica, más o menos original, de las relaciones entre la pareja.

Que si el hombre, que si la mujer. Que si uno es de una forma, que si la otra es de una manera distinta, que si patatín que si patatán. Son muchas ya las lecturas que se han hecho sobre este tema.

Cada una de ellas pretende ironizar, reírse de sí mismos, poner la puntilla, crear expectativa, llevar a cada sexo al terreno que le corresponde. Por alusiones. Los hombres sonríen y se identifican con el macho, las mujeres asienten y corroboran las afirmaciones de la fémina.

Dan Israely, el autor, nos trae a colación en forma de exposición abierta y coloquial, los dos puntos de vista de mujer y hombre. Comienza con un supuesto jardín del Edén, y un Adán un poco pánfilo que se complementa, como no podía ser de otra forma, con una Eva sagaz y manipuladora. Pero lo que parece que será una historia de las relaciones de pareja, salta a nuestros días dejando la historia para otro momento.

Y ahí ya entran en escena los elementos típicos y tópicos de dicho argumento. Que si la curiosidad de ellas es mayor que la de ellos, que si ellas hablan mucho y ellos no dicen nada, que si las decisiones vienen en forma masculina, que el sentido de culpabilidad también está más arraigado en los pobrecitos sometidos, la ropa ingente en el armario femenino, y… lo que parece ser más original, los orgasmos de ambos. Ellos, que llegan primero y casi sin esperarlo, ellas que se quedan a verlas venir y esperando. Y sin llevar la cuenta, que no es para tanto.

Eso sí, contando con la buena elección de Dulcinea Juárez y Leo Rivera en los relatores de tan escabrosas relaciones que, indefectiblemente, acabarán en la cama, hasta que el divorcio los separe. Se mueven, los intérpretes, con soltura y desparpajo, pasándolo bien y haciendo pasar un buen rato, pues de alguna manera implican a los espectadores con preguntas, comentarios, buscando aliados.

Dirige Óscar Contreras y la comedia se desarrolla fresca como anuncia el cartel publicitario. Para pasar el rato en la reconfortante sombra del teatro.

 

 

De Caperucita a Loba en solo seis tíos, del drama al humor

Alberto Morate

Marta González de Vega comienza directa y sin tapujos. Y lo deja bien clarito: hay que tomarse las cosas con humor. Porque no te llevas tantos berrinches, porque al final va a dar lo mismo, porque todo se ve desde otra perspectiva, porque un tío no merece la pena. ¿O sí?

La escritora y actriz hace un auténtico estudio (divertido) de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres. Para ello se apoya en las siempre científicas sentencias del gran Eduardo Punset, que corroborará cada una de las teorías del trabajo de campo realizado por la protagonista.

Ya desde el principio interactúa con el público y quiere enterarse de con cuánta frecuencia hacen el amor los espectadores. Sabiendo que mentirán descabelladamente. Pero Marta no se amilana, y pasará a relatar cuáles son las diferentes posibilidades de encontrarse en una relación de pareja. Y de convertirse en una ingenua y sencilla Caperucita querrá pasar a ser una Loba  que no está dispuesta a sufrir los envites del amor ni sus desatinos y sufrimientos.
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No hay mejor defensa que un buen tinte

Alberto Morate

Volvemos a la peluquería “Corta Cabezas”, con el riesgo de que vuelvan a secuestrarnos, pero a base de risas y despropósitos. En esta ocasión, el pulcro Fernando, interpretado por Mario Alberto Díez, ya es el dueño del establecimiento y, contra todo pronóstico, admite que su negocio se vea acrecentado y próspero por el empeño de sus dos nuevos empleados. Martha y Gustavo, los actores Carmen Navarro y Fran Arráez respectivamente, consiguen que acudan a cortarse el pelo, teñirse, hacerse rizos, o las mil y una posibilidades peludas del cuero cabelludo, desde el mindundi mayor de reino, hasta la mismísima Salma Hayek. Sin embargo, su empleada y socia guarda un secreto, un misterio que hará que sus dos hijos gemelos, después de varios años, quieran sacarle todo el dinero que atesora, no sabemos exactamente por qué. Pero la doble o triple personalidad de Gustavo se convertirá en el peor enemigo de estos ingenuos vástagos. Y de ir a extorsionar a su desvalida madre, acabaremos asistiendo a una comedia de locura y excentricidades, un poco gore sin recrearse en ello, con un algo de teatro policiaco y del absurdo, y un mucho de comedia de enredo.


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Esencia, poesía bailada del amor “Cortés”

Alberto Morate

Esencia es aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Es lo más importante y característico de algo. La Esencia de Joaquín Cortés es su arte. Es su baile, su música, su sentido del espectáculo.

Es su expresividad aérea y terrenal que retumba y hace acompasar los latidos del corazón. Es la música flamenca de guitarras y cajones peruanos, fusionados a la perfección con violonchelos, violines, trompetas, pianos, baterías, contrabajos, tambores y panderos. Y las palmas y los brazos de las bailaoras y las voces desgarradas de los cantaores.

Esencia es el rasgueo de la guitarra que produce el sonido del mar. “Corazón malherido por cinco espadas” que saca la esencia de todo su sonido con toda la fuerza.
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Sueño de sueño

Alberto Morate

Cuando uno llega a viejo le ocurren muchas más cosas que solamente estar pensando en morirse. Si uno tiene la vitalidad suficiente y, más o menos, el intelecto en su sitio, no se conforma con que lo cuiden. Quiere soñar. Quiere vivir intensamente, como si no se hubieran cumplido años.

Andrés Lima nos pone en escena un mundo geriátrico, sí. Pero también un mundo de ensoñación y, al mismo tiempo, real, tangible, de vindicación de los sentidos.

Cuando don Quijote está en el lecho de muerte se vuelve cuerdo, y los que están cerca de él se preguntan si no hubiera sido mejor que mantuviera su locura. En Sueño, el padre, interpretado por un gran actor como es Chema Adeva, no es que se vuelva loco sino que revive sus emociones, su pasado “bailado”, su juego de dobles matices, relaciones, ensoñaciones, lo que, posiblemente, le hubiera gustado vivir hasta las últimas consecuencias. Y también tiene a su fiel escudero, en este caso La loca, a la que da vida una excelente Laura Galán.
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Refugio, de palabras y silencios

Alberto Morate

Por la boca muere el pez. Por la palabra y los gritos, lo que se dice y lo que se calla, lo que se habla y no se entiende, lo que aparenta y lo que se siente.

Esclavos de las opiniones que se vierten, de lo que se dice y no se hace, de lo que se desdice y se rectifica, de lo que nunca tenía que haberse pronunciado.

Miguel del Arco toca con Refugio algunos temas que se entrelazan, que llevan de una cosa a otra, a mostrarnos una democracia interesada y no real, a una familia desestructurada pero aparentemente arraigada en lo social, de una conciencia que remuerde.


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Suceso en el Congreso, sin llegar a acuerdos

Alberto Morate

Menos mal que, de vez en cuando, hay que tomarse la política en clave de humor. Porque si no, habría que echarse las manos a la cabeza. Y mientras uno se ríe también se pueden hacer ironías y soltar unas cuantas puyitas hacia la situación política.

Cuatro representantes de sendos partidos políticos en el Congreso tienen que dirimir quién será el próximo presidente de gobierno. Para eso tendrán que pactar, intentar sobornarse, utilizar las armas de la dialéctica, pero también de la extorsión o las promesas. Pero no se preocupen, no van a asistir a una sesión plenaria. Cuando nosotros llegamos al encuentro ya han sucedido una serie de hechos que convertirán la función en una comedia de intriga, de humor, de enredo, de locura, de disparate, de ingenio, de realidad, policíaca, psicológica, humana y llena de sorpresas.


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Pontencialmente Haydée, el grito

Alberto Morate

“El llanto está a una lágrima del grito”, dice Haydée mientras acuna a su hijo (¿imaginario?), después de haberle amamantado sin ganas. Algo huele mal. Eso la obsesiona. Eso, y que alguien la observa. Alguien real, no es dios, con minúsculas, es alguien que la mira desde el infinito de su pasado. El pasado que nos cuenta y nos grita ella misma. Con potencia, como un aullido de gato que se lamenta porque tiene hambre, y ya se confunde si es un maullido o el llanto de su hijo.

Haydée es una mujer solitaria obcecada con las palabras. Las palabras dicen mucho, no solo por su significado, también por su sonoridad y morfología. Hay palabras que se atragantan y palabras que fluyen. Palabras que se entregan y palabras malditas. Palabras mal dichas en personajes engreídos. La profesora, el marido, el padre, el primo,… las palabras que pronuncian son como gritos al oído de Haydée. Son balidos. Balidos de chivos de plásticos duros y tóxicos que retrotraen a la infancia pero no la alivian. Y ese olor penetrante y fétido, olor a muerto, olor a plástico derretido.
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Inmersos

Alberto Morate

Ya es tarde. Siempre es tarde. Aunque también es cierto que siempre estamos empezando, que cada día hay que hacerlo nuevo, distinto, especial. Para no convertirlo en rutina. Para no hacer siempre lo mismo, que no nos puedan reprochar nada. Es tarde porque, en verdad,  ya no se puede respirar, porque hay que buscar otro oxígeno, para que ninguno de los dos en la pareja se sienta culpable.

Inmersos es un texto de Laura Garmo que nos retrata la relación de una pareja. Real, como la vida misma, dura, también divertida, amada, en algunos momentos intensamente poética, esperando que alguien nos quiera, y queriendo que nos comprendan.


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Diosas PECADORAS

Alberto Morate

Mujeres, diosas, cotidianas o no. Extraordinarias. Siempre prestas a tener que luchar, a hacerse oír. A callar. A observar. A sufrir. A ofrecer y ofrecerse. A cuidar a los hijos. Y al padre. Y al marido. Y al amante, si lo tuvieran. Mujeres que sangran, que ríen, que sufren, que soportan, omnipresentes. Mujeres cautivas dentro de su propia placenta. Mujeres que resucitan, que pelean, que se enfrentan a la muerte, y a la vida. Mujeres que piden, que gritan, que aman, que se sacrifican. Mujeres que se quieren vengar, fértiles, estériles, dóciles, objetos, amazonas, luchadoras, confidentes, nodrizas, reinas. Pecadoras.

Joaquín Gómez compone un montaje de ninfas secas, de mujeres guerreras, de blancas novias, de irremediables madres, de princesas.
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