Los Morancos, Antónimos y no anónimos

Alberto Morate

 

 

César Cadaval y Jorge Cadaval, monta tanto, tanto te monda, Jorge Cadaval y César Cadaval, tanto monta, montaje estrafalario. En el buen sentido de la palabra. Nada Antónimos, compenetrados. Nada anónimos, conocidos y venerados. Teatro lleno, carcajadas que resuenan y aplausos frenéticos.

Se presentan tal cual son ellos, los personajes asimilados, la realidad de ellos y la ficción de sus cuentos, de sus gags, de sus inventos y juegos de palabras, de sus diálogos extremos. Lo que cuentan exagerado. Despellejando sin sutilezas a políticos y famosos de medio pelo.

Las gracias chabacanas, que es lo que le gusta al pueblo. Los gritos de Omaíta y Antonia, televisivos y pendencieros. Una historia personal eterna donde improvisan y se ciñen a lo preparado antónimamente, para hacer gala del título, aunque no venga mucho a cuento.

Chistes viejos, pero que siguen haciendo reír, porque la gracia está en cómo se cuentan y en qué momento. Las canciones de éxito retocadas las letras para acercamiento de la ironía, de la crítica, de la realidad social y política tomada con gracejo.

Dos horas en el escenario y el público tan contento. Todo un éxito.