La noche del sr. Smith, una noche distinta

Alberto Morate

Un mundo feliz. Un mundo aparentemente feliz. Y querer dirimir los recuerdos, las pesadillas, los sueños, a través de la imaginación. Buscando un escape. Una vía que permita no sufrir tanto o, al menos, maquillarlo.

El sr. Smith somos todos. ¿Quién no ha soñado alguna vez no morirse nunca? Aunque mi padre les contaba a sus nietos que él no quería ser inmortal. Porque perdería a sus seres queridos y él seguiría viviendo. Porque vería cambios que quizá no le gustaran. Porque, a la larga, la inmortalidad le conduciría a la soledad y de ahí a la infelicidad. Pero, claro, mi padre hablaba de ser inmortal él solo. ¿Qué pasaría si todos lo fuéramos?

Una noche el sr. Smith, La noche del sr. Smith, se lo imagina. Y todos participamos de todos. Y como en la alegoría de La caverna, no se sabe lo que es realidad y lo que es ficción, ilusión, deseo, sueño, utopía.

Javier Hernando construye un texto de palabra y acción. Acción repetida. Palabra engañosa. Y estás con el sistema para no crearte problemas, o rompes las cadenas que te obligan siempre a mirar hacia la misma pared viendo sombras. No hay escapatoria.
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