SUEÑOS, Quevedo, Echanove

Alberto Morate

Sueños. Quevedo muriéndose. Quevedo preso. Quevedo perdido. Quevedo doloroso. Brillante, lúcido, perdiendo el sentido, agudizando el ingenio, viendo y viviendo en un infierno blanco, recordando amores, sufriendo, denunciando a reyes y a nobles, riéndose de un imperio venido a menos, delirando, diciendo sus mejores sonetos, sangrando, preguntándose por qué,… Quevedo eterno, tuteando a la muerte, despreciando el dinero, criticando a médicos, repudiando la envidia, confraternizando con el diablo, solo, viejo, humano.

Quevedo en el cuerpo y en la voz de un grande: Echanove. Juan Echanove, quebrándosele la voz, sintiendo temblores, espasmos, alucinaciones, llenando la escena, viviendo en las emociones del poeta barroco en sus últimos estertores.

Gerardo Vera nos pone en escena una cárcel, un infierno, un manicomio, la corte, las calles, el siglo XVII, en un tono aséptico y terrible, por donde campan oníricamente el dinero, la envidia, la ambición, la soledad, el amor, el ingenio, los versos, la vulnerabilidad, el desafío, lo ridículo, lo trágico, el duque de Osuna, su amada Aminta, la política hipócrita, la enfermedad, las sombras y… los textos. Textos de este Quevedo inmenso, al que ponen voz, no solo un excepcional Echanove, sino toda la Compañía Nacional de Teatro Clásico en coproducción con La llave maestra y Traspasos Kultur. Óscar de la Fuente, Markos Marín, Antonia Paso, Lucía Quintana o Abel Vitón, por citar a unos cuantos, responden al ritmo, al sentido, al buen decir de la palabra del poeta.
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En el Café de Chinitas, arte sin nostalgia

Alberto Morate

En el Café de Chinitas
dijo Paquiro a su hermano:
«Soy más valiente que tú,
más torero y más gitano».

Federico García Lorca

Cantando esta copla de Federico García Lorca cierra el telón el espectáculo En el café de chinitas de Jacinto Esteban, donde se cuenta la trayectoria del mítico café teatro de Málaga, utilizando como trama que el local se va a alquilar para otros menesteres. Es un local pequeño por el que han pasado artistas y figuras públicas más que notables en el primer tercio del siglo XX.

Empezando por Lorca, pasando por Picasso, Dalí, La Argentinita y donde actuaron Miguel de Molina, Estrellita Castro, Manolo Caracol, Juanito Valderrama, y otros cantaores, bailaores, actores, magos, y artistas desconocidos que se atrevían a cantar ante un aforo pequeño pero siempre concurrido.

Allí, se nos cuenta, representan a los hermanos Machado, a los también hermanos Álvarez Quintero, hay pendencias navajeras, erotismo, flamenco,… y actúa, sobre todo Chinita, un actor transexual, provocando, haciendo reír, haciendo cómplice al público entregado.
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OHlalá

Alberto Morate

Cabaret, circo, teatro, música, coreografías, sensualidad, locura, arte, streaptease, riesgo, emoción, dramatismo, comicidad, un algo de erotismo, brillantez, cantante y orquesta en directo, luz, La Luz, la Gran Vía que respira fuera y, de alguna manera, lo siente, se contagia, le tienta a entrar, Ohlalá, qué espectáculo, no hay tregua, parafernalia, desnudos, vestidos, cuerpos que se encajan entre sí y mantienen el equilibrio corporal y mental, saltos, trampolines, sinestesia, la boca que se hace agua y el agua en la bañera, cantando bajo la lluvia seca pero aérea, los clowns bailando al ritmo de cisnes cojos, la fosforescencia de cuerpos desnudos, espectadores convertidos en protagonistas, volteretas y saltos mortales a la luna llena que espera fuera, cada vez más aros en torno a otro espléndido cuerpo, hasta los objetos están vivos, el látigo que restalla, el artista que es la artista, la elegancia flemática del acoplamiento británico, y el mundo girando en patines, boca abajo, en brazos del mejor portor, dejándonos llevar, asombrados, y las buenas canciones que acompañan durante todo el espectáculo.
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Rubias

Alberto Morate

 Rubias tontas. Rubias listas. Rubias jóvenes. Rubias guapas. Rubias perdidas. Rubias encontradas. Rubias solas. Rubias acompañadas. Rubias por acá. Rubias por acullá… Y en el escenario tres rubias de armas tomar.

El concepto de Rubias es solo una excusa para que se nos plantee, no una historia de amistad, de soledad, de reafirmación de la personalidad, de búsqueda del yo, de futuro incierto, sino que es el nexo por el que tres jóvenes amigas nos harán partícipes de sus vidas y nos plantearán con qué historia queremos quedarnos.

Porque, de repente, aparece un actor histriónico (Paul Hernández), que al igual que en las novelitas que en su día se publicaron en las que el lector debía decidir cómo quería seguir la historia, aquí nos plantean por medio de una interacción con el público qué situación o personaje queremos que nos cuente su particularidad y circunstancia personal.

La de Laura, Laura Marvo, la de Lidia, Galiana, o la de Isabel, Bernal, en virtud de lo cual nos enteraremos de lo que les sucede o nos quedaremos con las ganas. Inteligente y pícara forma de hacer que la representación no sea nunca igual a la del día anterior y por tanto, no podamos decir que ya la hemos visto.
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ZENIT, la realidad a su medida

Alberto Morate

Groucho Marx ya dijo en cierta ocasión, después repetido por muchos hasta la saciedad: “La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria”. Más o menos esto es lo que viene a suceder en el mundo periodístico y como nos lo viene a contar con toda la crítica, ácida, mordaz  Joglars, con Zenit, la realidad a su medida sobre el cuarto poder, el de la prensa, las noticias y los periodistas.

Ramón Fontserè, a la sazón director y autor de este montaje, (la autoría con Martina Cabanas), hace que su personaje, periodista emblemático, de los de toda la vida, acabe engullido por la propia miseria y basura que su oficio genera. Sí, es un viejo periodista que le cuesta asumir ciertos cambios pero que los acaba adoptando si no quiere verse excluido en ese mundo de los medios de comunicación que tanto presiden nuestros días y nuestra existencia.

Ya nadie es alguien sin su minuto de gloria. Y ese momento solo nos lo puede ofrecer la prensa, las redes sociales, el avance tecnológico, la televisión, la difusión por las ondas.
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Un Chico de Revista

Alberto Morate

El género de la Revista tiene su público. Incondicional, entregado, fiel. Y no es para menos. La gente quiere ver luz, color, bailes, canciones, bellas actrices y cantantes, hombres bien musculados, diversión, olvidarse por un rato de problemas y congojas.

Pero como cualquier espectáculo en directo tiene que reinventarse en cada momento. Para sentirse vivo, para atraer a nuevos espectadores, para darle la dignidad necesaria.ç

Eso ocurre con Un chico de Revista. Sin salirse de la clásica estructura de plumas, lentejuelas, música, actores que interpretan y cantan, la consabida escalera, los guiños al público,… en el libreto de Juan Andrés Araque se busca darle una vuelta de tuerca. Y así, la vedette se convertirá en “él”. Por primera vez, un hombre será el protagonista absoluto de la Revista. Todo bien enlazado con un guion solvente, obvio en muchos momentos, pero que nos da todos los detalles como en un texto teatral convencional. Hay trama. No es simplemente una sucesión de números musicales. Aunque estos se suceden con un ritmo adecuado a lo que se está viendo. Pasamos por diferentes escenarios, situaciones, personajes, y una época donde La revista estaba en pleno auge: los años 60.
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Menopause

Alberto Morate

Mujeres diosas. Mujeres divinas. Mujeres cotidianas. Mujeres fuertes. Mujeres que cantan a la vida.

En el Renacimiento existía un canon de belleza femenina semejante al mundo clásico, donde se ensalzaba la armonía y proporción. Luego llegaría el Barroco en que, sin menospreciar esos ideales físicos, se encargan de recordar que el paso del tiempo acecha y ni los maquillajes podrán borrar las huellas de la edad.

 

En Menopause, cuatro actrices, cuatro cantantes, cuatro mujeres, con la excusa de coincidir y conocerse en las rebajas de unos grandes almacenes que irán recorriendo en todas sus secciones, nos mostrarán una vitalidad envidiable, hablándonos de la belleza que se perdió o se quedó no se sabe dónde.

En principio parecen quejarse de su llegada a un otoño de sofocos y menopausias, de incomprensión y cargas familiares y profesionales, de resignación y soledades. Pero pronto, con sus buenas voces, sus bailes, su reconocimiento de que hay que vivir a tope y según vengan dadas, con su saber reírse de sí mismas,… darán al traste con ideales y cánones de belleza, pero también con pesimismos y angustias interiores.
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Una Gata Sobre Un Tejado De Zinc Caliente

Alberto Morate

La atmósfera demasiado caliente produce tormentas. Aunque ocurre que, muy habitualmente, esas tormentas ya estaban previamente en el ambiente caldeado de las relaciones personales y familiares.

No hay familia que se libre de rencores, disputas, codicia, celos,… cuando se trata de heredar o de administrar una herencia.

Tennessee Williams nos retrata un volcán en erupción en el centro de una familia norteamericana de los años 50. Pero ya pasaba antes y sigue pasando ahora y en cualquier lugar del mundo.

Y no es solo eso. En ella también hay acechanza de la muerte, enfermedad, malas relaciones sexuales, envidias, odios, hastío, alcohol, un pasado que pesa, un futuro que puede romperse.
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La Judía de Toledo

Alberto Morate

Sentimientos encontrados. Me encuentro con un Lope de Vega, que no pierde en la calidad de sus versos, pero que no sé si me está diciendo que lo que hace el rey Alfonso VIII está bien hecho o lo está condenando.

Por un lado parece alentar esa libertad de querer estar con quien uno quiere, independientemente de su cargo, creencia, estatus social,… y por otro lado, parece decirnos: “¡cuidado!, no es eso lo que te conviene”, serás castigado”.

En algunos momentos atisbo la grandeza literaria del Fénix de los Ingenios y, en otros, me da la impresión que escribe por encargo, cansado, como para quitarse de en medio un compromiso con un empresario.

Hay cosas que quedan difuminadas, como que pasan de largo, y otras son estricta y puramente Lope por los cuatro costados. Nadie puede negarlo.

En cuanto al montaje en sí, habrá quien opine a favor y en contra. Opiniones encontradas. A mí no me parece mal que Laila Ripoll haya trasladado la acción a una época de triunfalismo desbordado, cuando todo está manga por hombro, cuando el dictador cree erigirse en monarca, cuando la religión hace de su capa un sayo, cuando la moral pacata y mojigata critique los excesos no consagrados. Creo que está bien traído el momento; al fin y al cabo, ¿no decimos que los clásicos siguen estando vigentes y el reflejo de entonces es la consecuencia de ahora? Solo me chirrían un poco los saltos en el tiempo o imágenes que no vienen al caso.
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Flamenco en Las Tablas

Alberto Morate

Rompe el silencio el rasgueo de la guitarra. Canta, gime, llora, grita,… en las manos de Pepón Niño Manuela, Juan José Ramos, y nos empieza a envolver con su ritmo hasta que la voz profunda de Juan Debel nos eriza el cabello y sentimos el duende del flamenco en nosotros mismos.

Aparecen entonces Marisa Adame y Rafael Peral, bailaores, con sus diálogos de brazos y manos, y taconeo incesante, sus expresiones dolientes y su sensualidad acechante.

El tablao tiembla. Las Tablas aguantan el envite tarde tras tarde y noche tras noche. El FLAMENCO, así con mayúsculas, se hace fuerte, presente, vivo, emocionante.
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