Castigo ejemplar, yeah

Alberto Morate

La obra empieza con una intriga. Un misterio. Una invasión ilegal de un espacio privado. Un allanamiento de morada. Un delito contra la propiedad. Y lo que puede parecer del género negro, de argumento policíaco, en realidad es algo tan cotidiano que se nos olvida que también puede resultar asunto de gánsteres y mafiosos.

Sin embargo, estamos vigilados. Estamos controlados, nada queda al azar, todo está bien estructurado. Unos padres que pretenden proteger a su hijo de diez años, cuando los desprotegidos son ellos. Mientras se pretende encubrir los delitos, borrar las pruebas, eliminar las acusaciones de cargo,  todo se volverá en contra de ellos, serán ellos el objeto de un expediente poco claro.
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Érase una vez… La Reina de las Nieves

Alberto Morate

 

Érase una vez un reino de hielo. Érase una vez un cuento de todos los tiempos. Érase una vez un teatro lleno. Érase una vez un espectáculo de música, luces, intérpretes, canciones, y una historia de codicia, de separaciones, de reencuentros, de sentimientos.

Érase un musical de gran producción para niños, jóvenes, adultos y abuelos. Érase un vestuario variado y un decorado de sugestiva grandeza y despliegue de medios.
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El intercambio, nada es lo que parece

Alberto Morate

Lo inesperado. Lo que uno se monta en su cabeza y luego se tuerce. Nada es igual a lo imaginado. Intentar controlar la situación y que la situación se desborde y te descontrole a ti.

Y además, de forma disparatada, cómica, fresca, chispeante, con ingenio. Al principio, incluso con la música inicial, me recordaba a las comedias al uso de antes de la democracia. No por el tema, (en aquella época un intercambio de parejas era impensable), al menos de forma explícita y artística. Pero sí en cuanto a los personajes principales. El marido que manipula sutilmente a la mujer fiel y terriblemente enamorada, que tiene miedos, que se siente protegida por su hombre y que le admira porque siempre tiene argumentos para todo. Aunque sea un pobre infeliz. Pero ninguno de los dos lo saben. O no quieren darse cuenta. Ella se deja llevar, él tiene en mente algo muy claro y encima considerará un triunfo conseguir su objetivo con el beneplácito de ella. Después las cosas irán cambiando. Nada será lo que parece.

Con un texto ágil, chispeante, cargado de gags gestuales, llevando al límite lo que pudiera ser normal, hasta casi el absurdo, Ignacio Nacho, que también interpreta un personaje, nos hace pasar un rato más que divertido, en algunas ocasiones de auténticas carcajadas, y en otros provocándonos una ternura que entronca con las obras más sensibles de Mihura o de Llopis.

Juan José Afonso maneja las escenas con soltura, sin que merme el ritmo, pendientes todo el tiempo de ese personaje anodino y un poco mequetrefe, pero entrañable, al que comprendemos cómo se siente. Y más, porque lo interpreta magistralmente Gabino Diego, que llena el escenario con voz, gestos y silencios, dándole al personaje una verosimilitud cómica indeleble. Le acompaña no con menos entrega y desparpajo, Teté Delgado, un personaje que va creciendo a pesar de estar a la sombra de su partenere. El resto del elenco no desmerece. El propio Ignacio Nacho, con una soltura divertidísima, como si improvisara, hace que todos estemos de él pendientes. Y Rodrigo Poisón, Juanma Lara y Natalia Roig, se crecen en sus intervenciones, y envuelven este regalo sorpresa de la forma más eficiente.

Intercambien sus risas con ellos, que se las devolverán con creces.

De hombre a hombre

Alberto Morate

Los entiendo. Entiendo al profesor y al alumno. Entiendo los miedos y las reticencias. Entiendo la pasión y las ganas de uno y otro. Entiendo lo difícil del caso. Entiendo la ilusión también. Entiendo que no haya tiempo para los dos. Que uno quiera salir huyendo. Que el otro vea su esperanza como cielo abierto. Entiendo la falta de libertad y la necesidad de esconderse, de hablar en metáforas, de ocultar y, al mismo tiempo, vocearlo al viento.

Entiendo las palabras que se lanzan, la dialéctica, los ejemplos, que el alumno se convierta en maestro, que el docente quiera volver a correr ciertos riesgos.

Esta es una obra valiente. Difícil. Sensible. Real. Íntima. Donde se tornan los roles de los personajes y el más joven enseñará al adulto a enfrentarse a sus sentimientos. Donde el enseñante verá sus esquemas rompiéndose.

De hombre a hombre es un texto de Mariano Moro Lorente, donde afronta el tema de una atracción no solo sexual, sino también intelectual y, sobre todo, de sentimientos. Lo dirige Lioba Herrera con gran acierto. Con la sensibilidad de quien también comprende lo que les pasa a los personajes por dentro, lo que no se dicen, el futuro imperfecto. Y César Yanes y Leandro González defienden sus personajes con la conciencia de actores que creen en lo que están haciendo. Y así lo transmiten, así lo viven, así lo están sufriendo.

Suenan canciones. Música que ilustra este poema desgarrador, este drama de pensamientos inquietos, de búsqueda, de futuro, de miedos. La compañía canaria Insularia trae un bagaje de buen hacer y algunos premios. Se presentan en la sala Tarambana y van girando la obra desde su texto primigenio en Argentina, pasando por el archipiélago, hasta recalar en Madrid, en Oropesa (Toledo), en Bolivia, y en todos aquellos escenarios con un aforo que esté dispuesto a presenciar una obra de buena temática y excelente texto.

La dama duende

Alberto Morate

El verso suave. El verso no estridente. El verso como lenguaje y como expresión diferente. Calderón de la Barca y La dama duende. 1629 – 2017. El autor barroco se mantiene. Gracias a la inefable labor de Helena Pimenta y la CNTC.

Álvaro Tato (Ron Lalá) hace una versión respetuosa y romántica de este texto que si no lo engrandece lo favorece. Algo de tenebrismo, magia, fantasmas que desaparecen, amores ocultos, celos, una visión diferente. Y la directora con sutileza creciente, lo dirige, lo mueve, le da lustre y colorete.
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El guardaespaldas

Alberto Morate

La voz de Rachel Marron se eleva hasta alcanzar las nubes y el cielo. La voz de Fela Domínguez, limpia, perfecta, de color azul como los ojos de la poesía, verde como una pradera de paz, violeta como un atardecer en melancolía.

Ahí está ella. Divina. Etérea. Pero real como la vida misma. Y con sus temores y las envidias que genera. El amor que provoca: “si no puedo tenerte, si no eres mía, no serás de nadie, tendrás que morir para tu desdicha”.  Esta podría ser la esencia de este espectáculo, junto con el amor que se acabarán profesando El Guardaespaldas y la diva. Todos conocemos la historia, pero se hace nueva, nos encandila. El guardaespaldas siempre vigila.

Pero vemos más. Mucho más. Vemos un espectáculo musical con corte ‘Gran Vía` cien por cien. Gran escenografía, excelentes coreografías, voces hermosas, bailarinas espléndidas, actores completos de movimiento, interdisciplinares, fabulosa compañía.
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Después del ensayo

Alberto Morate

El teatro como medio imprescindible de vida. El teatro más allá del escenario y del espectáculo. Cuando lo que interesa es el proceso más que el resultado. Y se confunde lo que es real con lo imaginado, lo que se prepara con lo que se improvisa. Y se entremezcla la vida personal con la ficción de los personajes.

Ingmar Bergman desgrana su intimidad en unas confesiones personales, que no sabemos si son reales ni nos importa. Lo que queremos es sentir las palabras, sentir las relaciones entre lo que fue, lo que pudo haber sido, lo que se imagina, lo que se muestra. Y Juan José Afonso así lo entiende y escrupulosamente, cuida los detalles de la dirección haciendo humanos y reales a sus personajes.
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Souvenir, olvidar los recuerdos

Alberto Morate

 

En la actualidad está muy en boga hablar del maldito Alzheimer y sus consecuencias. Parece que es un mal que se propaga no sé sabe bien cómo ni por qué. Una lacra que estigmatiza a quien lo padece, pero más a los que están alrededor, que lo sufren como una pesadilla que no se pasa con el tiempo.

Pero en Souvenir, un texto de Pablo Díaz Morilla, nos ponen en la tesitura de todo lo contrario. Es decir, no es menos grave ni terrible que alguien padezca hipermnesia, que lo recuerde absolutamente todo, incluso lo que no ha llegado ni siquiera a poderlo vivir plenamente. Este mal se apodera también de los recuerdos de los otros. Aunque el personaje, Solomon Shereshevsky, que existió realmente, diga que no es un enfermo, que no está enfermo. Sin embargo, padece. Y hace sufrir a los demás, que le quieren porque le ven debatirse entre recordar, querer olvidar, sentir sensaciones tan personales que solo él puede comprenderlas. Y no puede cerrar puertas, e intentar pasar página, porque se abren solo con el poder de la mente.
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