Muros, nadie duerme

Alberto Morate

No es un cuento. No es ningún cuento el que personas de toda condición, lugar, cultura, tengan que abandonar su tierra, sus raíces, sus sentimientos. Por la razón que sea. Por la guerra, por la precarias condiciones económicas y políticas, por intentar mejorar sus condiciones de vida.

“¿Qué soy, un hombre o un gusano?” le pregunta el huido al soldado que le apunta con un arma. ¿Qué somos? ¿Qué estamos pensando?

Se habla, hablamos de `refugiados´. Refugiados no. No buscan refugio, buscan comprensión, igualdad, libertad, justicia,… ni siquiera un paraíso, quieren un lugar para crecer, para soñar, para no sufrir, para no ser menos.

Y son muchos. Cada vez más. A pesar de los que se quedan por el camino. Pero hay que intentarlo. Y hay que vivirlo. Y hay que entenderlos.

Y Lorena García de las Bayonas, quiere hacerlo. Cada uno aporta lo que tiene y lo que puede. La directora de Muros, con dramaturgia de David Cos, nos ofrece un espléndido montaje, una emotiva puesta en escena en el Centro del Actor, en Carabanchel. Barrio obrero, barrio concienciado, espero. Refugiados cada uno en su propio subsistir cotidiano.

Y nos presenta una excelente compañía “Teatro a Voces”, que se mueven con la delicadeza del tema que están tratando. Es decir, con dureza, con emoción, bien coordinados, utilizando el lenguaje necesario, esas voces que claman, que piden aunque debieran reivindicar, que cantan, que rezan, que se silencian para no molestar al que tienen durmiendo al lado. Y los actores, ellos y ellas, sienten y viven lo que están contando, Ángel Velasco, Aura Garrido, Carlos Troya,… por mencionar solo a unos cuantos. Porque, en realidad, son dos compañías que se van alternando. Pero todos ellos, inmensos, enormes, sentidos, lloviendo por dentro.

Así, en un trabajo conjunto de investigación y estupendamente interpretado nos van contando este cuento amargo, esta historia real y diaria, donde nadie duerme. Unos porque acechan por dónde pueden ir escalando y otros porque siguen acechando para que nadie ose pasar al otro lado.

Y, al fondo, el muro, ese que nos hace sentirnos como gusanos. Y los pájaros acechando. Y el camino hasta allí, lo que perdemos y lo que vamos encontrando. Miserias, desgracias, dolor, soledad, miedo,… pero detrás de todo ello, la esperanza, el deseo y, sobre todo, lo humano. Lo que ha de diferenciarnos de los animales, de que esta historia nuestra de cada día no sea una fábula, y donde no haya buenos ni malos, ni huidos ni refugiados.

Bienvenida esta propuesta teatral que nos muestra la sociedad que estamos forjando. Bienvenidos, amigos, seáis de donde seáis, que encontréis lo que todos estamos buscando.