La boda de tus muertos, que están vivos

Alberto Morate

En La boda de tus muertosPablo Canosales destapa el tarro de las relaciones familiares dándole una visión precisamente contraria a lo que se espera en un gran acontecimiento familiar.

Se supone, es de rigor, es casi condición sine qua non, que en una boda los parientes cercanos a los novios se lo pasen en grande, con todos los nervios que conlleva, pero con el protagonismo justo y necesario. Sin embargo, el autor y director, ya desde el inicio nos presenta a la peculiar familia echándose los trastos a la cabeza. Perdidos, desorientados, individualizados, egocéntricos, incluso agresivos, frustrados. Y alrededor de la mesa del banquete, salen todas las miserias y trapos sucios y estropeados.

El camarero conciencia les destapa los platos cuyos alimentos nunca se digirieron bien. Se derrumba la institución familiar como modelo de virtudes e incondicional ayuda por el simple hecho de ser hijos, padres, hermanos.

Pablo Canosales lo hace desde el humor y la originalidad de un planteamiento un tanto absurdo y alocado. Pero no se le caen los anillos en afrontar situaciones y diálogos con la crudeza de una familia en la que todos son solitarios.

En muchas ocasiones me he acordado de La boda de los pequeños burgueses de Bertolt Brecht, donde también los muebles se desmoronan, hay desequilibrio y deterioro, rencillas, suspicacias, odio, incomunicación. También el alcohol, y los porros en este caso, hacen que se quiten las máscaras los invitados. Y la climatología, en esta, hace que se calienten las bocas, que la tormenta eche al traste los adornos.

La puesta en escena no decae en ningún momento. Canosales conoce bien el oficio y consigue atraer el foco de atención donde le interesa. Los actores están, como se pretende en una boda, elegantes y en su sitio, hasta que les tocan la fibra sensible de sus reproches y sale a relucir todo aquello que en un acto social de este tipo se mantiene oculto por educación y buenos principios. Estupendos Mauricio Bautista, el más resentido, Lucía Bravo, manteniendo el tipo de buena madre pero que se nota que está hasta los “mismísimos”, Sara Mata, que huyó antes porque vio el percal al principio, Víctor Nacarino, que se refugia en los cuentos y es el más desvalido. Y César Sánchez, el enigmático camarero que es todos y es uno, es el autor y es el testigo.

La boda de tus muertos que están muy vivos.