Una guarida con luz

Alberto Morate

Tener los ojos abiertos. Y la mirada despierta. Y procurar entender las palabras. Sentir, ver las cosas de distinta manera. Cuando alguien tiene un revés, un acontecimiento que le aparta temporalmente de su cotidianeidad, las sensaciones cambian. Se intenta comprender desde otra perspectiva.

Paloma Pedrero con Una guarida con luz nos hace ver que hay una sensibilidad en las ausencias, en las relaciones, en la libertad personal, en la lucha diaria, en la aceptación de los otros, en la comprensión de las acciones.

Nos cuenta, con un lenguaje de aullidos y ladridos, perfectamente comprensible, el desasosiego que pueden sentir los solitarios, los parias, los desfavorecidos, los que se ven abocados a depender de otros, los que necesitan refugio, los que, a veces, no se encuentran ni a sí mismos.

Esta es una historia humana contada por canes, que notan la ausencia de su ama, de su madre, del arrullo que los ampara. Es una historia de muerte, pero de esperanza. De intentar ocupar un espacio con la suficiente luz para quedarse allí instalados. Son palabras de difícil comprensión hasta que la comunicación se hace inevitablemente necesaria. Entonces uno siente lo que al otro le pasa.

El texto está cargado de metáforas. Es una metáfora. Es una búsqueda de Ítaca. Es el hilo invisible que une a seres que se aman. Da igual su condición y, por supuesto, su procedencia, su color, su idioma, sus tradiciones, sus miedos, su esperanza. Es un texto que busca la luz y la encuentra en las palabras. Puede haber quebranto, dolor, pero se siente la huella de quien intenta ayudarnos y de quien no ha de dejarnos en la estacada.

Caídos del cielo, la ONG que Pedrero recoge con sus brazos abiertos, acompañan a Belén González y Pablo Tercero en una interpretación tremendamente ajustada a una sensibilidad desbordada. Nos hacen ver que ante todo está la amistad, que no importa en tiempo ni la distancia, importan las emociones, importan los sueños, el deseo, no conformarse, buscar la luz a través de las miradas, que no haya más cuevas ni escondrijos donde se hacine a quien estorba o no tiene nada. Démosles una guarida con luz y con ventanas, un paisaje abierto, una vida más afortunada.

Gran trabajo de expresividad, de movimiento, de palabras que llenan el alma.