Guateque 69 o Lo que son las mujeres

Alberto Morate

Uno se crece cuando viene a ver obras de este calibre. Es decir, obras del siglo XVII, traídas con nuestro lenguaje, nuestra actualidad, (aunque sea del 69), y con el respeto que se merece.

Ózkar Galán, rescata con acierto y sabiduría escénica un texto al que le había cubierto el polvo de la desidia. Nadie se decidía a ponerlo en pie, ¿por qué?, nos preguntaría el más neófito en la comedia de figurón o palatina.

Es un texto donde ya en el título nos viene a indicar que las mujeres traían de cabeza a quien las tiene como algo más que simples, y Rojas Zorrilla, el autor de Lo que son las mujeres las trae a la escena con “asombro y desmesura”.

Y aquí, el adaptador y director de la obra, Ózkar Galán, lo asume como propio y en un ambiente de Guateque 69, de Eurovisión, de represión todavía, de orgullo en el pecho de la madre España, introduce sus propios versos que no desentonan ni chirrían ni suenan diferentes.

Nos presenta con un ritmo alocado y adecuado a la situación, la agudeza de ingenio, el ridículo de ciertos personajes (de figurón, es decir grotescos y un tanto excesivos) que aquí se triplican en un único actor magistralmente, Héctor Carballo, que si no se vuelve loco es porque no anda muy bien de la mente (es broma). Hay un diálogo disparado e imparable, una comicidad en la interpretación más que notable por parte del resto de los personajes, las dos damas y el alcahuete.

David Fernánez Kelly, Lara Ferrán y Luna del Egido, que se enfrentan dialécticamente, con un engreído Gibaja al que al final torean como quieren. Ambas hermanas, dispares y diferenciadas, pero libres, al fin y al cabo, que es de lo que se trata.

Y, creo, que lo que trata de contarnos el avispado conductor de escena y texto, con gran delicadeza y respeto. Y a los que somos un poco mayores, nos retrotrae a épocas pretéritas, pero no mejores. ¿Por qué en el 69? Cifra sugerente y erótica, no exenta de guiños a que aún la mujer (y estamos hablando del siglo XX), se veía sometida a los dictámenes de los hombres.

“Créeme y quiere a los hombre que son bellos animales” dice una de las personajes, y ahí juega con la ironía de que al final, los hombres, caeremos en sus redes.

Bien hallada, por tanto, esta comedia, de un mundo trastocado, de una libertad sexual y sentimental, donde nada es lo que parece, y donde, al fin y al cabo, se reivindica el derecho de las mujeres a mostrarse tal cual sienten.

¡Es barroco! Y qué bien nos sientan los guateques y los trajes en el sesenta y nueve.