Federico y Lola, el desencuentro

Alberto Morate

“Respetable público… (Pausa)… El poeta no pide benevolencia, sino atención,…”

Miren, pongan atención, vayan a ver Federico y Lola. Los esperan en el camerino. Les oirán discutir, discrepar de ciertas cosas, pero Federico García Lorca Y Lola Membrives hablan el mismo idioma. Se quieren, se adoran. Se necesitan, se comprenden. Aunque en algún momento de la obra sus opiniones sean dispares. Pero Lola adora a Federico y Federico está a gusto con Lola. Podrían pasarse noches enteras charlando, se idolatran, se conocen, saben sus debilidades. Se sienten, se reconocen. Están heridos y felices. Saben lo que quieren. Quizás haya desencuentro, pero no es tal, solo se duelen uno del otro.

Y cada vez que se miran, se acercan. Son un mundo aparte, un mundo solo de ellos. Son frágiles. No importa que, en un momento, se griten, se encierren en sí mismos, porque sí se importan. Aunque ella no pueda hacer Yerma.

El poeta y la actriz. El dramaturgo y su musa. Así, paralelísticamente, con la fuerza de las palabras, con el sentir de sus corazones.

Hacía mucho que no me emocionaba de verdad viendo una obra de teatro. Pero es que este diálogo es mucho más que eso. Es la esencia de dos personajes reales. ¡Bravo por Jon Sarasti!, que ha sabido crear un texto bellísimo, contundente y apasionado con sus palabras y las de Lorca y las de la Membrives, y las de la Zapatera Prodigiosa, y las de Yerma… Y bravo por Antonio Domínguez que ha llevado la sensibilidad a la puesta en escena a sus actores.

Y, por supuesto, grande Tusti de las Heras, que se le salía el corazón del pecho, que me ha hecho verter lágrimas auténticas cuando se convierte en Yerma y que me ha dado a conocer a una sensibilísima Lola Membrives. Pocas veces me sucede, hoy me he visto en ese camerino como testigo presencial, privilegiado, pero incólume, emocionado.

Y Néstor Gutiérrez que ha sabido, desde el respeto y la comprensión del poeta granadino, ofrecernos una persona que ama y tiene criterio, al que despierta para acercárnoslo como si lo estuviéramos viendo delante nuestro.

Los dos, o los cuatro, personajes e intérpretes, hablan el mismo lenguaje poético, las mismas palabras que los hacen especiales. En realidad, no hay tal desencuentro.

Que no se quede en silencio esta obra, respetable público, vayan a disfrutar de ella, vayan a sentir, a que se les haga un nudo en la garganta, a conocerlos.

Son García Lorca y Membrives, Federico y Lola, el desencuentro maravillosamente poético.