La autora de Las Meninas

Alberto Morate

Pocos cuadros como el de Las Meninas tienen tantas lecturas, interpretaciones, visiones diferentes, adaptaciones, versiones, re-creaciones, ensayos, estudios, hipótesis, reflejos,… yo diría que casi tantos o a la par que la esencial figura de nuestro don Quijote. De tal manera que se convierte en mito y todos tienen derecho y opción a hablar de ellos. Y, en concreto, sobre el cuadro de Las Meninas, visitado diariamente por miles de personas que se quedan admirados de la prodigiosa obra de arte.

Pero, hete aquí, que Ernesto Caballero, a la sazón, director del Centro Dramático Nacional, dramaturgo, director de escena, profesor,… y ante todo hombre cabal y coherente, se le ocurre que qué pasaría si se hiciera una copia exacta del famoso cuadro de Velázquez. Lo que debiera ser algo anodino e intrascendente, porque no dejaría de ser una copia por muy bien que se haga, se convierte en un texto teatral de grandes dimensiones, como el lienzo. Como en él, con claroscuros, con personajes enigmáticos, con rostros bien definidos y otros a los que solo se les ve a través de espejos y una atmósfera inquietante y sugerente. Las Meninas que cobran vida de forma diferente.

Con un personaje al que se le presupone humildad, dedicación, esfuerzo, resignación, pero que también siente, que es humano, que puede engrandecerse o diluirse en el anonimato de quien no quiere dejarse ver. Y para ello escoge, nada menos, que a la gran Carmen Machi, bajo el hábito de una monja que, en principio, parece transparente. Se convertirá realmente en La autora de Las Meninas. El texto merece ese premio.

Y desde el principio, actriz y director, nos meten, como en el cuadro, en el escenario, en el ambiente de lo que veremos después. De lo que veremos y de lo que sentiremos. Arte interpretativo sin límites y con vaivenes. Y podremos contemplar una obra escénica y pictórica en todas sus vertientes. Bajorrelieves, realismo puro y duro, existencialismo, acuarelas, grafitis, arte abstracto,… todo ello en forma de vanidad, de crítica social y política, de intereses, del arte como especulación y comercio, de paroxismo emocional y trascendente. Todo ello con la mezcla de colores del humor, de la ironía, del desaliento, de la soledad, de los tabúes, de lo moderno, de lo clásico, de lo que se espera, de lo que sorprende. Contribuyen a dar los retoques precisos, Mireia Aixalá y Francisco Reyes.

Magnífica obra, texto, dirección e interpretación, cuidada puesta en escena, amalgama de trazos escénicos en una pincelada solemne.