Flamenco Villa Rosa

Alberto Morate

Ya el espacio nos dice un lugar con encanto, entrañable, acogedor, podría decirse que mágico. Azulejos maravillosos dentro y fuera, artesonado, un escenario esperando. Mesas elegantemente dispuestas, camareros educados y cercanos. Un siglo de arte cantando y bailando.

Con la mirada abarco esos años de esplendor, de gente con arraigo, de reyes, artistas, políticos, escritores, poetas, deportistas, y gente anónima de aquí y de allá que salen siempre con un buen sabor en la boca. Pero, sobre todo, en el sentimiento, en el ritmo, en el corazón del flamenco, en el arte, en el duende, en el fandango, en la bulería, en el zapateado.

Busco con la mirada el gesto de la gente y, ya sean orientales o del barrio, les luce la satisfacción del ritmo, de los lunares y las flores de los faralaes, del pulso de la guitarra llorando y brindando, de la voz desgarrada del cante, del pulso del corazón cuando taconean o de las manos que quieren apresar el aire, o del gesto del que nos cuenta una historia bailando.

El zapato se desliza por el tablao y es un verso susurrado. Las palmas del cuadro artístico es la vida palpitando. La voz de Loreto de Diego, que sale como desde el fondo de un océano. Pino Losada hace que su guitarra busque el movimiento de las bailaoras, Guadalupe Torres e Irene “La Sentío”, bajo los pasos de Jonatan Miró que dejan huella en la tarima, el sonido y la esencia de cada tarde y cada noche, el flamenco sin desmayo, el sentimiento, el sudor convertido en agua, la emoción en el quejío, la libertad de sentirse vivo.

Y luego, el aplauso, porque hay fuego en el escenario, hay viento quieto en los brazos que se mueven en torno a los cuerpos expresivos, un camino de pasos con los pies siguiendo el ritmo.

No hay límites para este arte tan tuyo como mío, espíritu flamenco, improvisación y delirio, nos transmiten que desde el baile se puede amar y ser suspiro, que no hace falta ser experto para saber que hay magia en Villa Rosa, que nos van a bailar y cantar un poema que aún no está escrito.