Diarios de Adolescencia

Alberto Morate

¿Quién no ha escrito un Diario de Adolescencia? ¿Quién, en algún momento de su vida, no plasmó en palabras sus sentimientos? Y después las hemos roto, o no. Las hemos guardado y nos hemos avergonzado después, o no. Pero lo que sí es importante es que nos hemos expresado, hemos contado tanto sentimiento que llevábamos dentro y que pugna por salir como viento encerrado.

María José Guisado y Maribel Bayona, basándose en sus recuerdos, en su experiencia, en sus emociones no tan lejanas, preparan un hermoso texto. Una dramaturgia poética, teatral, sensible, también de silencio. Y al frente, dirigiendo con buen criterio, Rafa Palomares que también tiene algo que decir al respecto.

Hay poesía en sus palabras, en los poemas de Juan Ramón Jiménez, de Benedetti, de Hierro, de Estellés, de Espriu, de Goytisolo,… de los poetas que un día también fueron adolescentes y siguieron, de alguna manera, con sus versos, siéndolo.

Poesía en las fotos fijas y humanas del principio, en el movimiento hacia atrás, en las sombras que proyectan, en la realidad que nos ofrecen a nuestros ojos y a nuestro entendimiento.

Hay poesía en el amor primero que proclaman, en los diferentes padres y madres, de papel, de cristal, de metal, de hierro,… en el recitado que hacen solas y a coro, en la interpretación magnífica de su texto.

Nunca mejor dicho este “Teatro de lo inestable”, porque inestables somos todos y en inestables nos convertiremos.

El público al que iba dirigido, adolescentes y no pocos, adolescentes y no locos, escuchó con atención, se sintió reflejado, vieron reflejados sus tesoros. Y nosotros, los adultos que estábamos en la sala Tarambana, un viernes por la mañana, el día del gordo, nos encontramos emocionados sin desdoro.

Nos han dejado un buen poso.