Bodas de Sangre coagulada

Alberto Morate

Teatro de La Encina, y al frente Paco Sáenz, comenzó una nueva etapa en Madrid en el mes de marzo apostando por montajes arriesgados, con autores poco conocidos y actores  de aquí y de allá, sirviendo de puente entre montajes de Uruguay y producciones españolas o de cualquier ámbito hispanoamericano. Pero eso no quita para que obvien el teatro de otros grandes autores por todos conocidos.

Es el caso, en esta ocasión, de Bodas de Sangre, de nuestro querido Federico García Lorca. Quizás el autor después de asistir a este montaje se sintiera halagado de ver cómo, igual que en tiempos de La Barraca, se pueden hacer buenas representaciones con cuatro elementos, y buena disposición e interpretación y muchas ganas.

No hay excesiva innovación en la dirección y lectura de Paco Sáenz y tampoco es necesaria. Nos presenta un espectáculo sobrio, bien trabajado, cargado de ritmo, de buenas sensaciones. El texto bien dicho, bien estructurado, arraigando en ese drama rural y de sentimientos que Lorca supo escribir con delicadeza y desgarro.

Solo la escena de los leñadores busca un punto de investigación, personajes atados y unidos por un destino insondable, mientras La Luna y La Mendiga hacen un baile conversacional premonitorio de lo que ha de ocurrir y todos sabemos. Elegancia en estas acciones.

Y los personajes bien trazados, sufrientes, con actores muy jóvenes y solventes, entregados, creíbles, humanos. Una voz delicada y dulce cantando las coplas del viento del pueblo. Y ajenos a la tragedia, bailando apartados, los invitados a estas Bodas de sangre coagulada en la tierra, de frialdad y distancia en el padre de la novia y la madre del novio, de sufrimiento en la mujer de Leonardo, de contradicción pasional en la novia. Y ellos matándose, pero sin odiarse. Quizás más asustados que orgullosos, más lamentándose que embravuconándose.

Representar y poder ver a Lorca siempre es grato si se hace con esta sensibilidad acorde al  dramaturgo. Porque uno nunca se cansa de escuchar sus palabras, de descubrirlo en cada nuevo montaje. Por eso deberemos verlo más veces con otras opciones y llamar también a la Casa de Bernarda Alba, también en La Encina, que nos está esperando.