Dios ha salido y no se le espera

Alberto Morate

Un encuentro imposible o improbable. Aparentemente. Quizás no sea tan descabellado pensar que Miguel de Unamuno y Marilyn Monroe pudieran tener una conversación de estas características. Quién sabe lo que hay más allá de la muerte. Y no hay muerte mientras haya recuerdo. Nadie muere mientras alguien piense en esas personas. Aunque no los hayan conocido antes.

Miguel Valiente escribe y dirige este texto, Dios ha salido y no se le espera, planteando algunas cuestiones divinas y humanas. Es indudable que si Dios existe para quien quiera cree que esto es así. Pero algunos lo buscan y nunca lo encuentran. Unamuno fue el primero que se cuestionó a sí mismo si Dios lo escuchaba o se había ido con otras mentes. Y he aquí que, de repente, Marilyn Monroe aparece. Podría ser Dios, Marilyn. Unamuno no lo sabe. Y hablan y hablan, y el escritor y filósofo baja a un mundo real y la actriz sube a las esferas del gran pensamiento. No están tan lejos uno de la otra. Y observando, Juana, la mujer que vuelve de la muerte para contar que lo que ha visto no ha sido el paraíso, pero se le parece.

Valiente pone en boca de sus personajes, la poesía, tan necesaria siempre, la mercadería de una sociedad que consume pero no siente, la antonimia entre la fe y la ciencia, la soledad de quien siempre está rodeado de gente, los hechos que no ocurrieron, pero existen porque están en nuestra mente.

Con un montaje sencillo, con el apoyo principal de las palabras del texto y la interpretación más que solvente de sus intérpretes, Paco Vicente da vida a Unamuno con la calma, la flema y la sapiencia del intelectual, remarcando ese sentimiento trágico de la vida, ese pasado que (no) vuelve. Y Cristina Subirats encarna a una Marilyn/Norma que se sorprende, inocente, sensual, necesitada de cariño, no es como parece. Y la dulzura de Paz Juan, que se mete en el personaje que visita por dos veces la muerte. Un triunvirato de emociones, de sentimientos, de buen teatro, y que se repita muchas veces.