El guardaespaldas

Alberto Morate

La voz de Rachel Marron se eleva hasta alcanzar las nubes y el cielo. La voz de Fela Domínguez, limpia, perfecta, de color azul como los ojos de la poesía, verde como una pradera de paz, violeta como un atardecer en melancolía.

Ahí está ella. Divina. Etérea. Pero real como la vida misma. Y con sus temores y las envidias que genera. El amor que provoca: “si no puedo tenerte, si no eres mía, no serás de nadie, tendrás que morir para tu desdicha”.  Esta podría ser la esencia de este espectáculo, junto con el amor que se acabarán profesando El Guardaespaldas y la diva. Todos conocemos la historia, pero se hace nueva, nos encandila. El guardaespaldas siempre vigila.

Pero vemos más. Mucho más. Vemos un espectáculo musical con corte ‘Gran Vía` cien por cien. Gran escenografía, excelentes coreografías, voces hermosas, bailarinas espléndidas, actores completos de movimiento, interdisciplinares, fabulosa compañía.

Iván Sánchez interpreta un sobrio Frank Farmer, en su justa medida, vigilando, aparentando una actitud fría. (Me imagino que Maxi Iglesias lo hará con igual valía). Sutilmente, entre canciones magníficas y el desarrollo de la historia, entre bailes y vestuarios, y espacios escénicos de maravilla, los dos personajes se van acercando y ganan a los espectadores con su atracción física y su necesidad de caricias. Y las encuentran, y el público se las ofrece también aplaudiendo con energía.

Nada queda en suspenso, todo funciona como mecanismo de relojería. Hay una buena historia, hay buenísimos intérpretes, hay actualidad en las formas, hay música en directo que suena de maravilla, hay vestuario y pelucas, hay iluminación de estrellas, hay seducción, hay intriga, hay amor, hay espectáculo, hay teatro, cine y concierto, hay bailes, hay creatividad, coordinación, emoción compartida.

Olvídense de la película, no recuerden las caras de sus actores, solo deléitense con la voz que se pone a la altura de Whitney Houston y con el directo de esta producción cuidada y magnífica.