Première, no tengo zapatos

Alberto Morate

El olor a mar que nunca se volverá a sentir igual. La oscuridad de las personas anónimas abocadas a estar siempre en segundo plano. El servilismo del que lo da todo y pretende tenerlo todo controlado, pero se le va de las manos. El espejismo de la fama, la soledad del triunfador, la frustración de no sentirse plenamente satisfecho.

Todas estas afirmaciones equivalen a los cuatro personajes de Première, de Verónica Mey que también dirige la pieza con sensibilidad y crudeza, con poética y realidad, con delicadeza y sin miramientos.

Viven en mundo ajeno. Un mundo de ellos, para ellos, con ellos. No tiene cabida nadie que no sea del gremio. La parafernalia del cine, que disfraza a los actores y su séquito, impidiendo ver a las personas que llevan dentro. Pero descubrimos a través de este texto impecable y bello, que no es oro todo lo que reluce, que también en la gente del cine se vive sin guion previo.

Verónica Larios, Manu Hernández, María Kaltembacher y Paco Gámez dan vida a estos personajes solitarios y sus desencuentros. Esos sueños que se vienen abajo o que solo son caramelos que se van desgastando con el tiempo, de tanto chuparlos con desenfreno.

Es el deseo, que nunca queda satisfecho. Es la vanidad, es el ego. Es la pregunta que cada uno se hace, qué queda después de todo esto. De forma inconsciente o, quizás, demasiado tangible, se van dando cuenta cada uno de que no están satisfechos. Aunque lo aparenten, aunque quieran negar que necesitan amor, comprensión, sentimientos. Cuando quieran darse percatarse la protagonista habrá perdido los zapatos, y se sentirá desnuda ante el espejo. Y su pareja querrá volver al mar, encontrar a ese padre que nunca tuvo, sabe que no tiene talento. Y la amiga de siempre, incondicional que solo puede presumir de serlo, descubrirá por fin que lo mejor se lleva dentro. El amigo, un admirador, un siervo, casi un esclavo, que necesita sentirse útil pero que cada vez estará más lejos.

Buen texto, buenos actores, buen teatro, buenos ingredientes para que no se quede solo en un sueño.