La Familia Addams, clara oscuridad

Alberto Morate

Debería contar esta crónica cantando. Debería escribirla a oscuras. Debería parecerme tenebroso tener que hacerlo. Y, sin embargo, te quiero, como dice la canción. Sin embargo, unos seres inhumanos como estos, pero terriblemente entrañables, también sufren las consecuencias del amor y se desencadenan las peores de las consecuencias, que son seguir querer viviendo por ese amor, por esa relación imposible, por ese revulsivo que hace que cuando uno se enamora todo parezca truculento. O maravilloso.

Por eso esta crónica no puede ser oscura. Porque nos lo pasamos genial con los muertos que cantan y bailan, con los personajes tan escabrosos y familiares, con esta historia que produce el terror de la emoción y los sentimientos.

El elenco está de miedo. Gómez y Morticia, conducen por el mal camino a sus vástagos y claro, les salen rebeldes y Miércoles, quiere casarse. La voz perfectamente modulada de Xavi Mira y la presencia escénica de Carmen Conesa que ya por sí solos se comen el escenario, la escena, y las sensibilidades. Lydia Fairen, no quiere mostrar su ternura, y no lo hace, por lo que su papel se agranda y es revulsivo, consiguiendo que la queramos muchísimo, porque la ternura en forma de enfado se le escapa. El fétido Fernando Samper, aunque suene mal al decirlo, emana efluvios de simpatía y nos hace enternecernos también al querer conquistar a la luna. ¿Quién no quisiera tan bella historia de amor aunque se estrelle entre bambalinas? Meritxell Duró y Alejandro Mesa, pululan en la escena dejando su rastro de inmundicias de forma tan simpática que en cada aparición nos embelesan. Y Javier Canales está prodigiosamente magnífico en unos movimientos ralentizados cuando interpreta a Lurch que hace que no le quitemos la vista de encima. Eso por los Addams. Porque en la familia “normal” entre comillas, no desmerecen ni las voces ni la interpretación ni la simpatía: Andrés Navarro, Julia Möller e Íñigo Etayo.

La música en directo, cuando podría ser una lata, suena de maravilla. Y las coreografías de Montse Colomé, están perfectamente medidas, adecuadas, rítmicas. La escenografía impresiona, de tal manera que entre unos y otros y una historia amorosa y divertida, Esteve Ferrer dirige y adapta a nuestros días esos guiños que la gente aplaude y celebra con sus risas.

Nada de oscuridad en este espectáculo musical y teatral, nada de polillas, nada de cenizas, ni de moribundos que se arrastran, ni de espíritus amargados, ni de telarañas que se pegan a las sillas. Todo está en una clara luminosidad de grandes artistas.