YERMA, ¡ay!

Alberto Morate

Yerma. ¡Ay, Yerma! Lorca. Mi Lorca. Federico. Tragedia de drama rural. Tragedia de dramaturgo. Tragedia de quien quiere tener vida y encuentra la muerte. Encuentra la sequedad de su cuerpo. Encuentra que los campos y los olivos florecen y dan fruto y ella se queda seca. Tragedia que no pasa de tiempo, aunque podamos pensar que el tema está obsoleto. Nada más lejos. ¡Ay!

Se puede decir, “ya nadie suspira por no poder tener hijos propios”, pero no es así. Las clínicas de fertilidad están cada vez más llenas de mujeres que buscan desesperadamente engendrar sus propios vástagos. Pero Lorca no se queda ahí.

Yerma es la paradoja de quien busca la libertad entregándose por completo. Crear. Aunque se sufra, ¡ay!, y los pechos se agrieten por dar de mamar. Pero de esa forma ella misma se alimenta. Lo necesita. Y si no lo tiene, se irá empobreciendo. Y más.

Yerma es la ilusión por conseguir algo y no traicionar a los propios principios. ¡Ay! El honor, aunque se sienta deseo. ¡Ay! Yerma es la incomunicación con quien tenemos que compartir casa, comida y lecho. Yerma es la soledad de quien no se siente comprendido. Yerma es la desesperación por rellenar un hueco. Yerma es ser criticado por no saber dar lo que se supone que la sociedad pide por derecho.  Yerma es todo eso.

Por eso se puede volver a representar este texto sin miedo. Porque es actual, porque posee poesía en su interior, y amor, y drama, y tradición y fuego escénico.

A través de Iria Márquez, la compañía Apuro Teatro, surgida de la Universidad de Alcalá y la sala Margarita Xirgú, nos traen una nueva lectura de este maravilloso texto. Intentando respetar y recrear el espíritu de Lorca. Pero Lorca puede comprenderlo. Era hombre de teatro y estará satisfecho. Es cierto que yo hubiera pedido que dijeran ciertos versos, diálogos, emociones, de otra forma. Pero cada uno lo ve desde su propio criterio. ¡Ay!

Aquí, en este montaje apreciamos la música, la danza, el medio rural, el drama interno de los personajes, siempre en escena, siempre en el pensamiento, siempre observando y criticando, siempre sufriendo. Posiblemente, cada uno lo vea con un distinto rasero.

Es un espectáculo digno. Bien trabajado y bien hecho. Lorca ciento por ciento. Aunque a mí me haya faltado la fuerza expresiva, ¡ay!, de sentir que se gesta dentro una criatura que va creciendo. Al contrario de lo que le ocurre a Yerma. Que se va pudriendo. El contraste de una vida que crece a otra que se está muriendo. Sentimiento.