Dos más Dos, igual a dos

Alberto Morate

Como todos se imaginarán no es una cuestión de saber contar mejor o peor. Sino de parejas.

La eterna disyuntiva del tiempo y las relaciones de pareja. Si se pierde el encanto y el atractivo, la pasión, la sorpresa, la confianza, la comunicación, el sexo,… lo que hay que hacer para mantener viva la llama del amor o, al menos, del interés por el otro, el encanto de la seducción, soportar los celos y convivir con la costumbre y lo rutinario.

En Dos más Dos, una historia de Daniel Cúparo y Juan Vera, dirigida por Maite Pérez Astorga y David Serrano, entran en conflicto varias situaciones.

En primer lugar hay un reflejo de una pareja en otra. Y no es un tema del tiempo que lleven conviviendo. En una, cierto cansancio, si no hastío, esquemas de acciones cotidianas y poca chispa. En la otra parece acrecentarse la atracción física, el entendimiento, la libertad individual sin menospreciar a la otra parte. Hasta que desvelan que, estos últimos, han abierto sus relaciones sexuales a otras parejas y no tienen ningún reparo en intercambiarse para satisfacer sus deseos y fantasías. Al querer implicar a la pareja más tradicional, todo cambiará de apreciación y sentimientos. Era inevitable.

Sin embargo, lo que atrae de esta función es, en primer lugar, su guion.

Sus diálogos ágiles y reales, bien encadenadas unas escenas con otras, analizando esas diferentes etapas por las que van pasando los personajes. Unos personajes muy bien construidos y estupendamente interpretados. Sobre todo el de Adrián, Daniel Guzmán, que arranca auténticos momentos de hilaridad pero sin exagerar al mismo, sino haciéndolo real y consiguiendo que comprendamos todas sus reticencias y sus “suspicacias”. Y los otros tres también espléndidos, Miren Ibarguren, que dibuja bien el de la mujer que necesita alicientes. María Castro, con todo el temperamento y viveza que requiere el personaje liberal y transparente que es. Y Álex Barahona, que muestra a la perfección esos mínimos detalles de estar a la sombra de su amigo y socio, aunque no se conforma.

Comedia no tan amable, en cuanto que se muestran temas de actualidad de relaciones personales que nunca pasan de moda. Porque al final, o la pareja se rompe, o la pareja siguen siendo dos, por más que haya otros dos que quieran sumarse.  Aun así, las cuentas  nunca salen.