Wenses y Lala, una historia de corazón

Alberto Morate

Cuando vas al teatro y ves una función come esta, de ternura, de amor, de corazón, de amistad, de amor, de penurias, de sentimientos,… y se te pone un nudo en la garganta y en el pecho y agua en los ojos, como dicen en el texto, y quieres saber más de esos personajes humanos, `fieramente humanos’, sensibles, cariñosos, tímidos, reales, sencillos, cercanos,… entonces, crees en la puesta en escena, en las virtudes del teatro en sí mismo, te haces mejor persona, crees en la necesidad de comunicarnos, en conocernos, en la emoción que produce en el corazón lo que estamos viendo, en el arte de la interpretación.

Con una historia de Adrián Vázquez, la actriz y directora Elena Olivieri, nos coge de la mano y nos entrega una bellísima representación que no tiene fronteras, que es un canto de amor, una lumbre encendida, el sabor de la sangre en dos personas que son árboles, que primero unirán sus ramas/brazos para enraizarse en su cariño eterno.

Y así nos lo cuentan, desde más allá de lo corporal.

Desde el viento que producen las palabras que pronuncian o las canciones que cantan, desde que eran niños y ya se observaban, desde las sombras que les acechan y, a pesar de eso, se siguen queriendo y necesitando.

Wenses y Lala es la esperanza en el ser humano.

Es la belleza de una relación de plena confianza, es una historia cotidiana que se da pocas veces y, por tanto, es extraordinaria. Es la poesía que canta en escena.

Juanma Rodríguez le da la réplica exacta a Elena Olivieri a través de miradas, de vueltas al pasado, de silencios, de complicidad continua, incluso cuando uno de los dos personajes ya no está presente.

Y como escenografía, un simple banco, no. Un banco de madera ajada, de ese árbol forjado con dolor en un círculo de arena de río como el sol, porque el río nunca se para y el viejo sol ilumina las pasiones de una pareja enamorada.

Desde la infancia hasta la eternidad. Y con pocas lágrimas, porque este montaje es una delicia de realidad, es alma, es la tierra en el mar, la noche iluminada, las manos que se entrelazan.

Solo les deseo, porque se lo merecen, larga vida a Wenses y Lala.