Los amores oscuros, poesía en vivo

Alberto Morate

“Esta noche te pido

agua para mis ojos,

sombra para mis gritos.”  F.G.L.

 

La claridad de Lorca ante Los amores oscuros. El poeta luminoso, alegre, vivaz, musical, dicharachero,… frente a la ocultación de sus amores.

En este caso de su amor, Juan Ramírez de Lucas, 19 años más joven que él, que calló su relación hasta su muerte. En medio de ellos, la poesía viva. Y el escarnio de los demás. Los tiempos convulsos.

Podría hablar mucho sobre este amor y los sentimientos que conllevan. Pero quiero centrarme sobre el montaje que he visto. Sensibilidad exquisita. Como dijo el propio Federico: “El teatro es poesía que sale del libro para hacerse humana”. Aquí se demuestra con creces. Desde el principio, desde el sueño pesadilla de Juan, interpretado por Antonio Campos, pasando por lo que sucedió y sucede, hasta el final que es una vuelta al principio.

La guitarra de José Luis Montón nos envuelve con su sonido. Pero la voz maravillosa de Clara Montes nos conmueve. Ahí ya hay poesía en estado puro. Después, los versos en el aire,  las luces, las palabras que suenan en nuestro oído, el mismísimo Lorca personificado en Alejandro Valenciano.

Detrás de un velo gris, el del tiempo, lo que ocurrió, cómo lo vivieron, cómo lo sentimos.

Hay nieve en sus vestidos descoloridos. El luto negro de la muerte se torna en blanco de nube, en viento, en paz, en pureza de espíritu y emociones.

La historia fascina a la secretaria de un viejo Juan, (Ángeles Cuerda), que lo revive en cada minuto. Y nos fascina a nosotros. Que vivimos este presente pero sentimos aquel secreto infinito.

Juanma Cifuentes ha vuelto a dirigir con gran ternura y cariño esta obra imprescindible para el teatro y la poesía. Manuel Francisco Reina indagó en estos sentimientos únicos. Y nos imbuimos de esa poesía, de versos, de música, de voz, de cuerpos que se buscan, de necesidad de amar, de teatro, de magia, de historia, de aire de Madrid, y albaceteño y granadino.

Se dan todos los ingredientes para salir del teatro con ganas de revivirlo. Palabra y verso, sombra y luz, susurro y grito. Mis expectativas, y las de todos los espectadores testigo, se han cumplido.