La vida rota de NINA

Alberto Morate

Llueve. Y cuando llueve siempre trae el agua algo de nostalgia.

En esta ocasión también viene con la lluvia Nina, después de diez años. Aunque eso da lo mismo. Podían haber sido veinte o cinco o dos.

Nina es la vida rota. Y llega a un sitio del que se fue porque estaba más rota todavía. O porque no supo cómo construirla. Es un lugar donde se hacen las cosas por inercia, por costumbre, incluso donde salirse de la rutina es rutinario.

A través de esa vuelta de Nina nos enteramos de la insatisfacción de los personajes que un día formaron parte de la vida de ella.

La vida no es una película. No está llena de frases perennes que sentencian una forma de ser. Porque en muchas ocasiones ni siquiera se es.

No sabemos por qué vuelve Nina. No sabemos a ciencia cierta por qué se fue. Nos pasa como a los personajes, que no pueden (o no quieren) cambiar las cosas, porque, posiblemente todo daría lo mismo. Hay fatalidad, recuerdos que no liberan, intentos, amagos de querer vivir esa vida que, en alguna parte, nos está esperando.

José Ramón Fernández vuelve a poner sobre el escenario un texto potente y sutil al mismo tiempo. Cargado de poética y realidad prosaica. De soledades y encuentros. Donde se espera algo sin olvidar que habrá nada.

Diego Bagnera en la dirección no necesita especificar acciones. Se centra en el trabajo intenso e inmenso de los personajes, de los actores. Los dota de sensibilidad y la frialdad suficiente para asumir tanto dolor interno.

Y los actores responden a la perfección. Muriel Sánchez muestra esa fragilidad de la mujer que necesita que la abracen, pero que será capaz de aguantar durante horas sola en la playa bajo la lluvia. Para tomar una decisión y volver a marcharse. Ha comprobado que todo sigue como antes aunque ya nada es igual. Y José Bustos, muestra ese laconismo de la inacción, de asumirlas cosas como vengan dadas, y cuya presencia de Nina hará tambalearse sus principios, pero sabiendo que no es una película con final feliz. Y Jesús Hierónides, muestra su amargura contenida, su resquemor, dentro de un hieratismo premeditado. Si hay tormenta, ya escampará.

Magnífico trabajo de texto, dirección, interpretación. La vida desasida.