Pareja que se “Comprende”

Alberto Morate

Cada vez tengo más claro que somos individualizaciones con necesidad de compañía.

Es cierto que tenemos arraigada en esta sociedad la búsqueda y el encuentro de una pareja y  después vienen las dificultades que conlleva la convivencia.

Pero también las satisfacciones. Los buenos momentos, lo realmente compartido, lo común. Mas nunca, nunca, dejamos de ser personas independientes donde cada uno piensa y reacciona de una manera. Donde uno siente de una forma y el otro se emociona por otras cosas. Ahí radica la paciencia, el saberse llevar, el conocerse y el sorprenderse, el comprenderse e intentar entender al otro.

En Comprende de María Inés González y Miguel Ángel Cárcano, con dirección de este, se establece una conversación civilizada entre esa pareja tan habitual y con tantos años de convivencia, que ya saben cómo respira cada uno y de qué pie cojea.

No es fácil llegar a ese grado de entendimiento y educación sin llegar a tirarse los trastos a la cabeza cuando han decidido separarse. Ya no sirven los reproches, ni los rencores, ni lo que pudo haber sido.

Priman más los recuerdos, las horas pasadas juntos, los primeros escarceos de seducción, los hijos, los viajes, los inevitables suegros que entorpecen algunas veces. Y así, se van dando cuenta que es más lo que los une que lo que tiende a separarlos. Aunque haya ironía, contradicciones, nostalgias, costumbres.

Ricardo Lacámara y Olvido Pombo interpretan a esta pareja corriente, que aunque parece que no, aún se quieren. Rememoran su vida en común con el peso de los años y el paso del tiempo y  se dan cuenta de que nada es para tanto y que todo es para mucho.

Todo podía haber sido diferente, nada hubiera cambiado porque somos uno haciendo cosas de dos. Es lo que tiene.

La obra se deja ver y, sobre todo, escuchar, con cariño, con sonrisas y ternura de verles cómo cada uno pretende arrimar el ascua a su sardina, para acabar utilizando el mismo espeto y después de comerse los lomos, retirar las espinas que más duelen.

Con un ritmo apacible y pausado, una actuación alegre, una sencillez en las formas, se agradece este diálogo de “secretos de matrimonio” o “escenas de la vida conyugal” menos hiriente que el texto de Ingmar Bergman. Alguna salida de tono, algún problema más fuerte, hubiera ayudado a poner un poco de tensión en el ambiente. Aun así, la obra merece el aplauso de ponernos en escena un teatro de siempre.