Esencia, poesía bailada del amor “Cortés”

Alberto Morate

Esencia es aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Es lo más importante y característico de algo. La Esencia de Joaquín Cortés es su arte. Es su baile, su música, su sentido del espectáculo.

Es su expresividad aérea y terrenal que retumba y hace acompasar los latidos del corazón. Es la música flamenca de guitarras y cajones peruanos, fusionados a la perfección con violonchelos, violines, trompetas, pianos, baterías, contrabajos, tambores y panderos. Y las palmas y los brazos de las bailaoras y las voces desgarradas de los cantaores.

Esencia es el rasgueo de la guitarra que produce el sonido del mar. “Corazón malherido por cinco espadas” que saca la esencia de todo su sonido con toda la fuerza.

Esencia son cuerpos de mujer como olas y sirenas. Sirenas que bailan sin piernas, sensuales y frescas, sumergidas en la música y en la luz de la luna.

Esencia es la soledad acompañada. Es el amor cortés que busca a su dama, que quiere mantener el secreto, pero que se destapa ante el calor de la pasión bailada.

Esencia es también el silencio, el latido entre las sábanas, la elegancia, el perfume que concentra el agua, el sudor y la lágrima.

Esencia es el grito, ese “del ay al ay por el ay” flamenco y gitano, el corazón que vuela, el deseo, el movimiento de brazos y piernas.

Esencia no es el olvido, el olvido no, es la ausencia, es el castañetear de dientes de alegría y rabia, es el pim pam pum del ritmo, el traqueteo del tren entre nubes y montañas, el galope del caballo que va en busca de su dama para cortejarla.

Porque es el Joaquín Cortés de los giros de muñecas a golpes entrecortados, que quiere, con sus zapatos, despertar a la tierra.

Esencia son los solos del viento, es la mezcla de culturas, es el aire impregnado de aplausos, de vehemencia, de arranques, de improvisación nacida del alma, de trovadores y poetas.

Joaquín Cortés es la Esencia.