Sueño de sueño

Alberto Morate

Cuando uno llega a viejo le ocurren muchas más cosas que solamente estar pensando en morirse. Si uno tiene la vitalidad suficiente y, más o menos, el intelecto en su sitio, no se conforma con que lo cuiden. Quiere soñar. Quiere vivir intensamente, como si no se hubieran cumplido años.

Andrés Lima nos pone en escena un mundo geriátrico, sí. Pero también un mundo de ensoñación y, al mismo tiempo, real, tangible, de vindicación de los sentidos.

Cuando don Quijote está en el lecho de muerte se vuelve cuerdo, y los que están cerca de él se preguntan si no hubiera sido mejor que mantuviera su locura. En Sueño, el padre, interpretado por un gran actor como es Chema Adeva, no es que se vuelva loco sino que revive sus emociones, su pasado “bailado”, su juego de dobles matices, relaciones, ensoñaciones, lo que, posiblemente, le hubiera gustado vivir hasta las últimas consecuencias. Y también tiene a su fiel escudero, en este caso La loca, a la que da vida una excelente Laura Galán.

En medio de este delirio, se le aparecen los personajes de la obra de Shakespeare, Sueño de una noche de verano, donde el padre vive dos amores, donde hay confusión de parejas, porque realmente el padre nunca ha sabido a qué carta quedarse. Las tres actrices que dan vida a los personajes shakespearianos también se desdoblan en sus personajes y le sacan todo el jugo y el juego a las alucinaciones de un pobre alcohólico solitario. Nathalie Poza convence como hijo desencantado y seduce como Helena. Ainhoa Santamaría y María Vázquez están espléndidas en sus diferentes roles.

En medio de todo ellos, pinceladas directas y guiños al espectador, provocándole la sonrisa, pero también el planteamiento de ciertos valores, como la moralidad, los servicios médicos y sociales, la soledad del ciudadano ya anciano, la esperanza de vivir hasta el último segundo.

Como dice Andrés Lima en el programa, “inspirada en la vida misma”, porque el teatro es vida, sueño y muerte.