SÉNECA o el beneficio de la duda

Alberto Morate

Luci Anneo Séneca, o el estoicismo personificado. Hierático, filósofo y escritor, también fue tutor de Nerón. Había que ganarse las habichuelas, aunque, supuestamente, despreciara el valor del dinero.

Antonio Gala nos lo rescató como personaje teatral allá por el año 1987. Reconozco que no vi aquel montaje. Por lo tanto, no puedo contrastar las diferencias o similitudes con este otro que dirige Emilio Hernández en el Centro Dramático Nacional. En definitiva, también daría lo mismo.



De entrada, el espacio escénico me parece muy acertado. Gradas a modo de senado romano que también podrían representar unas termas o incluso un escenario de teatro. Ahí se desarrollarán todas las escenas, todos los diálogos, donde Séneca, recordará a través de la conversación con Petronio por qué tiene que morir. Donde surgen las dudas, los tejemanejes, el sexo, los ideales, la política,…

Con unos movimientos ralentizados, comienza el drama. Y desde ese momento se acaban mis expectativas. No entiendo bien el sentido de las canciones modernizadas, no me vienen a cuento. Quizás un poco más el cante de Carmen Linares para resaltar el carácter andaluz del protagonista. Y así, entre canciones y palabras la obra se va desarrollando. Lenta, pausada, apenas sin acción, como el estoicismo de este político y orador que interpreta con justicia Antonio Valero. Ignasi Vidal quiere darle el contrapunto canalla y vivencial, pero sucumbe en el intento. Los demás personajes y actores cumplen con lo exigido por el director, Emilio Hernández, pero aparecen fríos, sin alma, demasiado encorsetados en mirar hacia la grada. Esther Ortega es la que pone algo más de sangre caliente en su personaje de Agripina, muestra el carácter necesario, pero también me da la impresión de que no puede expresarse a sus anchas. También Carolina Yuste, la esclava siria, consigue que la escena no decaiga del todo. A Diego Garrido como Nerón, le falta la fuerza de un emperador tiránico y despótico, trastocado, extravagante, controvertido.

Loable es el hecho de rescatar a Antonio Gala, otrora autor prolífico en la cartelera madrileña y que nos permite volver a apreciar la calidad de sus palabras aunque resulte un tanto épico o enfático, pero no puede ni debe negarse que es parte de nuestra historia teatral y escénica.