El Corazón entre ortigas, teatro y poesía.

Alberto Morate

“Asesinado por el cielo”, escribió Lorca sintiendo, quizás, lo que se le venía encima. Pero no fue el cielo. Ni mucho menos la poesía. Ni siquiera sus ideas políticas. Le asesinaron, como a tantos otros, en el camino de la envidia. En el trayecto de la incomprensión, del odio, de la intolerancia, de la incultura cainita.

Un amigo suyo, uno entre muchos otros, quiso salvarlo, le instó a que abandonara España en tiempos convulsos y que protegiera su vida. Lorca no supo ver las fatídicas rencillas, pensó, ingenuo, que todo era una rabieta de gente molesta que protestaba con energía. Pero se ensañaron con él, y su amigo no se lo perdonó a sí mismo. Y, entonces, Carlos Morla Lynch, a la sazón embajador de Chile en este país convulsionado, se propuso ayudar a todo aquel que lo necesitara, que eran muchos.



Y Eusebio Calonge del grupo La Zaranda, Teatro Inestable de Ninguna Parte, como todos los teatreros, bucea en documentos de Carlos Morla y nos presenta un testimonio abrasador pero poético, intenso, emocionado, duro, gritado en susurros de guerra y miedo. Y Paco, de la Zaranda, nos lo sirve con una sensibilidad exquisita, sin escatimar silencios, miradas, rostros congelados, horror, miedo, pasión, ritmo, soledad, muerte, frío, negrura, recuerdos, música de piano, lluvia de papeles, mantas de refugiados, lamentos, despedidas, locura, rezos, palabras de desaliento, todo y nada al mismo tiempo.

Y los actores son humanos. Cadáveres. Sentimiento. Miradas perdidas. Cuerpos desperdigados.  Incertidumbre. Coro de voces de ultratumba, llanto callado.

El corazón entre ortigas, teatro y poesía. Poesía y teatro como quería Lorca. Porque “el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”. Y humana es la sangre que se derrama aunque no se vea, humana la historia que no hay que olvidar y que La Zaranda nos recuerda, humana la interpretación sobrecogedora de esta compañía conjuntada que en su empeño no ceja, humana la llamada al arte, al buen hacer, al sentimiento desbordado que nos representan. Humana la figura de Carlos Morla Lynch. Humana La Zaranda. Humana la sala en la que lo representan, Teatro Tribueñe, en su línea de sensibilización de unir ambas (iba a decir disciplinas, pero son emociones), poesía y teatro que se funden y se materializan.