Rubias

Alberto Morate

 Rubias tontas. Rubias listas. Rubias jóvenes. Rubias guapas. Rubias perdidas. Rubias encontradas. Rubias solas. Rubias acompañadas. Rubias por acá. Rubias por acullá… Y en el escenario tres rubias de armas tomar.

El concepto de Rubias es solo una excusa para que se nos plantee, no una historia de amistad, de soledad, de reafirmación de la personalidad, de búsqueda del yo, de futuro incierto, sino que es el nexo por el que tres jóvenes amigas nos harán partícipes de sus vidas y nos plantearán con qué historia queremos quedarnos.

Porque, de repente, aparece un actor histriónico (Paul Hernández), que al igual que en las novelitas que en su día se publicaron en las que el lector debía decidir cómo quería seguir la historia, aquí nos plantean por medio de una interacción con el público qué situación o personaje queremos que nos cuente su particularidad y circunstancia personal.

La de Laura, Laura Marvo, la de Lidia, Galiana, o la de Isabel, Bernal, en virtud de lo cual nos enteraremos de lo que les sucede o nos quedaremos con las ganas. Inteligente y pícara forma de hacer que la representación no sea nunca igual a la del día anterior y por tanto, no podamos decir que ya la hemos visto.

Quien ha pergeñado esto ha sido Nerea Barrios, que lo hace desde el humor, la frescura, la ironía, el sarcasmo, la crítica no exenta de acidez y cierta desolación humana que en algún momento a todos nos atenaza.

La representación transcurre con alegría,  bien de ritmo, cercana, con un lenguaje muy de hoy en día y una cotidianeidad exagerada para darle el humorismo necesario. ¡Bien por estas chicas rubias!

En la Sala teatro La Encina, un espacio que si aún no conoces, no sé a qué estás esperando.