MAMMA MÍA!

Alberto Morate

¡Mamma Mía, qué espectáculo! ¡Qué despliegue de medios! ¡Qué buenas sensaciones! ¡Qué colorido! ¡Qué buen montaje!

¡Mamma Mía! no defrauda. Mantiene el ritmo, la alegría, la calidad, la creatividad.

Te dejas atrapar por las canciones, pero es que también estamos viendo teatro. Estás viendo teatro y las canciones no desentonan ni de la historia ni de la interpretación.

Todo perfectamente encajado. Coreografías, música, voces, movimiento. Las letras traducidas al castellano como si se hubieran escrito en nuestro idioma.

Y sin excesivas parafernalias. Una escenografía sencilla, movible, que se adapta a las escenas en cuestión de segundos. Pero todo con una gran elegancia. Y cariño. Y cuidando los mínimos detalles.

Está toda la esencia de ABBA. Seguimos el ritmo de “Chiquitita”, de “Dancing queen”, “Gracias por dejarme cantar canciones”, de “Honey, Honey”, de “Money, Money, Money”, “Que sí, que sí”, “Mamma mía”,… mientras mantenemos la atención por la historia. No importa si ya la conocíamos, queremos saber, al final, quién es el padre, aunque sepamos que no se sabrá.

El elenco está maravillosamente estupendo. Desde Nina, voz prodigiosa, firmeza en el personaje, ternura, rigurosidad, emoción. Pasando por Clara Altarriba, que interpreta a la hija también con credibilidad y dulzura. Olga Hueso, Eva Diago, fuerza interpretativa en sus personajes, y Nando González, Paul Berrondo y Albert Muntanyola, los tres posibles candidatos a padres, merecedores de ser la buena pareja de Donna. Y así, todos los demás, hasta 26, todos perfectos.

Xavier Torras en la dirección musical y la coreografía de Anthony Van Laast completan este musical teatral de sensibilidad acusada, de cercanía en la historia, de positivismo, de cotidianeidad extraordinaria.

La gente sale, al terminar el espectáculo, tarareando las canciones, silbándolas, con una sonrisa en el rostro. ¡Mamma mía, qué mejor aplauso!