En el Nombre de Cristo

Alberto Morate

Damos la bienvenida desde aquí a una nueva Sala de Teatro, La Encina, porque siempre es una buena noticia que, en vez de cerrarse espacios escénicos, se abran y contribuyan a enriquecer el panorama de la oferta teatral en Madrid.

En este caso lo hacen con En el nombre de Cristo de Juan Sebastián Rodríguez y Paco Sáenz, también responsable de la sala y director del montaje.

Nos retrotrae la obra a la época de la transición en España. Y si fue dificultosa para muchos en muchos ambientes y profesiones, ¿cómo no lo va a ser para una pareja de solitarias que deben ganarse la vida con el oficio, popularmente conocido como hacer la calle? Una prostituta y un transexual se tienen a sí mismas. Son tiempos difíciles. Las dos tienen un pesado pasado en sus carnes. Conoceremos su historia a través de un tercer personaje, que lo descubrirá a su vez a través de un personal diario.

Hay cosas y circunstancias que no se eligen. Nadie elige que le vejen. Nadie elige que le echen de su casa. Nadie quiere sentirse diferente en sentido negativo o peyorativo. Nadie está libre de culpa. Nadie es totalmente inocente.

De ilusión también se vive. De esperanza también se muere. Dos personas, independientemente de su condición sexual, profesional, personal, se tienen a sí mismas. Se recriminarán muchas cosas, se necesitarán, tendrán que subsistir en un mundo falso y de opresiones; una vivirá entre la realidad y el deseo, la otra, entre la decepción y el instinto de supervivencia. Y, al final, un recuerdo, la comprensión de lo sucedido, el sentimiento de vacío cuando se conoce el sufrimiento.

Un texto estupendo con todas las premisas del momento, de aquel momento, que aún hoy en día no han cambiando tanto: homosexualidad, transexualidad, prostitución, soledad, pederastia clerical, estatus social, drogas, costumbrismo, convencionalismo, aborto, maternidad, desvalimiento,…

Lucía Martínez, Alejandro Marzal y Ángel Ferrero asumen los personajes con credibilidad y acierto. Cercanos, directos, emocionados.

Un aplauso para ellos y el equipo técnico de obra y sala en esta nueva singladura de texto dramático y espacio teatral bajo la sombra de este tronco hispano-uruguayo, y que como el árbol de la encina, sea símbolo de fuerza, solidez y longevidad. Por muchos años.