Circo de los Horrores, Manicomio

Alberto Morate

“Voy a contar el caso más espantable y prodigioso que imaginarse pueda. Caso que hará erizar el cabello, horripilarse las carnes, espantar el ánimo y acobardar el corazón más intrépido” (La pata de palo. José de Espronceda). Así comienza el cuento del autor romántico, y así podría empezar este espectáculo tétrico de locura, paranoia, esquizofrenia, desenfreno, demencia,… pero también divertimento, riesgo, risas, asombro, coordinación y, ¿por qué no?, elegancia en sentido contrario, búsqueda del infierno como algo atrayente, inquietud, expectativas artísticas, sueños,…

Nada más entrar en el recinto nos rodea un ambiente de siniestralidad inquietante. Locos sueltos, enfermeras de mirada inquisitiva, loqueros trastornados también y dentro, Napoleón, Hitler, un enano coprófago, la gran Gobernanta ama de llaves increpando, la monja autoflagelante, crápulas, neurasténicos, poseídos, depravados,… con la mente desquiciada y los instintos primarios exacerbados. Pero, eso sí, con respeto.

Pronto el espectáculo dará comienzo, sabiendo a lo que hemos venido, a un Manicomio fuera de lo común, donde Suso Silva dirigirá esta institución, en la piel de Nosferatu, de números circenses casi imposibles con el descaro y la proximidad desmedida al público, entre temor y sarcasmo.

Y empezamos a tomar la medicina de la saltadora arriesgada, acróbatas desmadrados, un Bitelsuso obsceno, sucio y encantador de masas, el doctor diábolo, los ratones de Guantánamo en la rueda giratoria, equilibristas sensuales, el malabarista pelotudo que hace música, la sonámbula en el techo, la obesa sin complejos,… Todos encerrados por mostrar sus capacidades de buenos artistas y, pese a todo y a las adversidades, querer seguir siéndolo.

El Marqués de Sade hubiera disfrutado en este ambiente, parecido al manicomio de Charenton, donde “No están todos los que son, ni son todos los que aquí están”. Pero los que estamos nos dejamos llevar por ese ambiente lúgubre y de fiesta, siniestro y alegre, macabro y agradable. Podemos ser visitantes o protagonistas, quedarnos dentro o salir huyendo. Y nos quedamos. No para sufrir, sino para admirar lo imposible, para participar de lleno, para comparar realidad con fantasía y comprobar que una y otra no están tan lejos.

Malditos y poetas, protervos y benditos, réprobos y honestos. Quién es quién en esta sociedad que a veces parece un circo. Quién puede considerarse que está fuera de ese Manicomio, de ese Circo de los Horrores que nos ofrece estos misterios de la mente humana y de la capacidad física de ciertos `locos´ a vista de todo el mundo con la particularidad de que salimos enormemente satisfechos. Chapó por ellos.