Una Gata Sobre Un Tejado De Zinc Caliente

Alberto Morate

La atmósfera demasiado caliente produce tormentas. Aunque ocurre que, muy habitualmente, esas tormentas ya estaban previamente en el ambiente caldeado de las relaciones personales y familiares.

No hay familia que se libre de rencores, disputas, codicia, celos,… cuando se trata de heredar o de administrar una herencia.

Tennessee Williams nos retrata un volcán en erupción en el centro de una familia norteamericana de los años 50. Pero ya pasaba antes y sigue pasando ahora y en cualquier lugar del mundo.

Y no es solo eso. En ella también hay acechanza de la muerte, enfermedad, malas relaciones sexuales, envidias, odios, hastío, alcohol, un pasado que pesa, un futuro que puede romperse.

Amelia Ochandiano, la directora que firma también la versión, sabe leer, no solo el drama que está a la vista de todos, sino también lo que puede acontecer en el pensamiento y, sobre todo, en el sentimiento de los personajes. Y, además, creo que los comprende. A cada uno. A Brick, en su culpabilidad, en su refugio alcohólico, en su soledad, en su desencanto. Eloy Azorín no lo exagera, lo asume, lo interioriza para mostrárnoslo en una contención que explosiona. A Maggie, su mujer, la gata sensual, que necesita subirse al tejado para ver las cosas desde la perspectiva de su marido, para lanzarse hacia esos ratones que quieren burlarse de su presencia, para contemplar la luna llena con la calma y la frialdad que se requiere.  Begoña Maestre lo interpreta con afectividad y un poco de salvajismo, el que pide su personaje para hacerse valer y ser fuerte. Al padre, roto y no vencido. Juan Diego, inmenso, llenando el escenario, mostrando la energía que surge de un personaje que no se arredra, también sobre un tejado de zinc caliente. Y a la madre, denostada y que no quiere reconocerlo, que no ve la realidad ni quiere. Ana Marzoa está perfecta en el personaje sombra de los gigantes con los que convive. Y José Luis Patiño Y Marta Molina, en esa pareja que ha bailado al son que les marcaban los acontecimientos y que no quieren perderse el botín de tanto sacrificio. Bien elegidos, todos, pero con el trabajo que permite ver el esfuerzo de cada uno.

Acierto en ese ventilador que no para de dar vueltas en toda la función para recordarnos que el calor del ambiente también es el humano; en esos cortinajes tremendos que no ocultan lo que hay detrás, y que no impiden tampoco el paso del drama que se cierne.

Representación que, como su texto, se vive intensamente.

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