La Judía de Toledo

Alberto Morate

Sentimientos encontrados. Me encuentro con un Lope de Vega, que no pierde en la calidad de sus versos, pero que no sé si me está diciendo que lo que hace el rey Alfonso VIII está bien hecho o lo está condenando.

Por un lado parece alentar esa libertad de querer estar con quien uno quiere, independientemente de su cargo, creencia, estatus social,… y por otro lado, parece decirnos: “¡cuidado!, no es eso lo que te conviene”, serás castigado”.

En algunos momentos atisbo la grandeza literaria del Fénix de los Ingenios y, en otros, me da la impresión que escribe por encargo, cansado, como para quitarse de en medio un compromiso con un empresario.

Hay cosas que quedan difuminadas, como que pasan de largo, y otras son estricta y puramente Lope por los cuatro costados. Nadie puede negarlo.

En cuanto al montaje en sí, habrá quien opine a favor y en contra. Opiniones encontradas. A mí no me parece mal que Laila Ripoll haya trasladado la acción a una época de triunfalismo desbordado, cuando todo está manga por hombro, cuando el dictador cree erigirse en monarca, cuando la religión hace de su capa un sayo, cuando la moral pacata y mojigata critique los excesos no consagrados. Creo que está bien traído el momento; al fin y al cabo, ¿no decimos que los clásicos siguen estando vigentes y el reflejo de entonces es la consecuencia de ahora? Solo me chirrían un poco los saltos en el tiempo o imágenes que no vienen al caso.

El montaje está muy bien cuidado. En todos los detalles, en las proyecciones un poco desnaturalizadas del NO-DO, en ese blasón inmenso que refleja los pensamientos y los sueños, en los arcos de la catedral de Toledo, y en los espacios abiertos que son cerrados. Nada que decir al respecto. Bien la escenografía de Arturo Martín Burgos o el vestuario de Almudena Rodríguez Huertas. Me gusta la versión de Laila Ripoll.

Y los personajes están bien interpretados. Aunque en algunas ocasiones el verso no se entiende bien, las palabras quedan un tanto mordisqueadas, como que no encajan en los labios. Sin embargo, quiero destacar la actuación de Mariano Llorente, Manuel Agredano y de Marcos León. Los dos primeros reflejan fielmente la sumisión y, al mismo tiempo, gallardía de los humanos al servicio de… y que, sin embargo, se creen algo. Y Marcos León en el papel de Belardo, el huertano campechano y sincero que se pone de parte de quien nada oculta y que solo por eso, será ejecutado.

Lo bueno y lo mágico es que me he encontrado. Me he encontrado en el teatro de La Comedia viendo una obra que no conocía, pero con agrado; me he encontrado con amigos amantes del teatro que unas veces ven cosas buenas y otras no tanto, pero no perderán su gusto por el escenario; me he encontrado charlando a la salida si nos ha gustado o nos ha defraudado. Teatro vivo, teatro de primera mano.