El Maleficio de la Mariposa

Alberto Morate

Nombres propios para una comedia de mariposas, y gusanos y cucarachas (o curianitas como decía el autor).

El primer nombre propio el de Federico. García Lorca. Poeta. La primera obra teatral del inigualable autor. El Maleficio de la Mariposa. Fue un estrepitoso fracaso. No se comprendió la obra, o arriesgó demasiado Lorca al intentar representar un poema. Pero Federico no se amilanó y demostró su talento y su sensibilidad a raudales.

Esa sensibilidad que hoy nos ha traído Carlos Manzanares Moure. Otro nombre propio. Otro hombre sensible. Otro caballero del teatro. Ningún montaje suyo me ha decepcionado. Con rigor e imaginación trabaja los textos, las puestas en escena y los actores con una creatividad extraordinaria. Y con riesgo. Como hemos dicho antes, atreverse con El Maleficio… es de gran valentía, pero sobre todo, de gran humanidad. Como lo es la obra. Aunque los personajes sean insectos.

Esos insectos interpretados por una Compañía que, en muchas ocasiones, lucha contra los elementos burocráticos y de mercado. Compañía Trece Gatos. Nombre Propio. Trece Gatos que interpretan insectos que son humanos. Muy humanos. Que viven diminutos en un mundo de gigantes. Que dan luz, o vuelan, o caminan entre la hierba, o se enamoran, o sufren, o penan, o dicen el texto que lo cantan, literalmente, que también nos emocionan, que manejan sus registros con solvencia.

Esos Trece Gatos encabezados por Raquel León, leona de la escena, curiana nigromántica hoy aquí, pero que se adapta a cualquier personaje con el amor y la ternura necesarias. Nombre propio y grande. Como el nombre de Ángeles Laguna, inmensa en su personajillo miniaturizado de doña Curiana. Enorme y clara. Y serena. Como la jovencísima pero exquisita actriz María Díaz. Tiene madera. Tiene alas. Todo corazón. Y todos los demás, con sus nombres propios, búsquenlos. Acérquense a la Sala del Mariano, porque merece la pena (la alegría como prefiero decir, más en consonancia a la satisfacción de asistir a esta puesta en escena).

Y Carlos, tocando la música en directo, y los versos de Federico estallando en el aire, y las voces de los actores resonando cerca. “Era el tiempo dichoso de mis versos tranquilos, pero a mi puerta un hada ha llegado vestida de nieve transparente para quitarme el alma”.

Una obra de Amor y de Muerte. De poesía y Teatro. De imaginación y dulzura. De Humanidad y Naturaleza. Vayan a verla.