La velocidad del Otoño

Alberto Morate

 

¡Qué difícil es llegar a viejo! Sobre todo, si mantenemos intactas las capacidades mentales y psíquicas, aunque las físicas nos vayan fallando. Normalmente, la familia es de gran ayuda, pero otras veces, la familia se convierte en enemigo.

Surgen envidias, la codicia, hacerse cargo del familiar que ya va necesitando ayuda, intereses egoístas, herencias en espera,… Y ultimatos. Amenazas. Chantajes emocionales.

Sin embargo, Alejandra, la protagonista de La velocidad del otoño está dispuesta a entablar la batalla necesaria. Contra el tiempo y contra sus propios hijos, si hace falta. Magistralmente interpretada por una grande Lola Herrera, se hace fuerte en su piso para que no se lo arrebaten. Pero no es solo su casa. Es su libertad. Son sus ideales. Es su necesidad de afecto y comprensión. Y Lola Herrera, a medida que va teniendo más experiencia y tablas, es más creíble, menos melodramática, más entrañable, más inmensa en sabiduría interpretativa. Le acompaña Juanjo Artero haciendo de uno de sus hijos. El más sensible y parecido a ella. También está a la altura de la estupenda actriz. No le va a la zaga. Muestra sensibilidad, arrojo, dominio. Entre los dos lucharán por lo que les hace falta: compañía, comprensión, reivindicación de que son personas sensibles, de que ambos quieren estar vivos sin importar la edad que tengan en ese momento. Los dos parecen fuertes, pero los dos son vulnerables. Los dos se complementan haciendo un dúo tremendo, que nos ofrecen arte y belleza, raíces que darán fuertes ramas.

Eric Coble, el autor, escribe una pieza teatral con conocimiento de causa. Manteniendo el drama y dando pinceladas chispeantes de buen humor que, en pequeñas dosis, hace tanta falta. Y Magüi Mira los dirige con cariño, intuyo que sabiendo también en qué terreno están, conociendo otras situaciones similares o paralelas, con la delicadeza de quien dirige a actores que tienen que encarnar personajes tan humanos como esta madre y este hijo que se necesitan para vivir esa libertad sin alas y sin trabas.

El otoño llega rápido, antes de que queramos darnos cuenta. Pero para todos. Como dice la protagonista en un momento, “ahora yo soy la hija”. Disfrutemos, pues, de cada instante de esta corta existencia. Disfrutemos de esta obra y del teatro, que es uno de los mayores placeres de la vida, belleza y arte.