MAYUMANA, Rumba a ritmo de Estopa

Alberto Morate

MAYUMANA

Las manos comienzan hablando. Comienzan cantando. Comienzan su ritmo, su pasión, su sentimiento. Después las seguirán los pies, el cuerpo entero. La percusión, hecha con cajas y bidones, y la batería, y las guitarras, y esta vez, también las voces. Las canciones de ESTOPA. La rumba que pondrá rumbo a una historia. Una historia de dos familias. Una historia de la calle. Una historia de rencillas. Una historia de amor.

Como la de Romeo y Julieta. Como en West Side Story. Como ocurre tantas veces a lo largo de la historia cotidiana. Con la particularidad de que ahora lleva las letras y la musicalidad de ESTOPA. Y el endiablado percusionismo de MAYUMANA, y sus enfrentamientos coreográficos, y sus bellas voces, y su energía positiva.

Desde el principio este grupo versátil y artístico se mete al público en el bolsillo. Aforo lleno. Expectantes. Dejándose llevar. Queriendo que les sorprendan. Hemos podido ver otras veces a MAYUMANA, y aunque pueda parecer que hacen lo mismo, siempre lo hacen distinto. Nunca cansan. Y encima, ahora, nos cuentan una historia enlazando canciones de David y José Manuel Muñoz, los creadores e intérpretes del afamado grupo musical ESTOPA.

Boaz y Geri Berman, los directores, han querido cambiar de registro sin perder su identidad. Y ahí tenemos el resultado. Un grupo de artistas con cualidades de músicos, de bailarines, de cantantes, de interpretación, de acróbatas,… se compenetran y se coordinan, se enfrentan, se divierten y nos los hacen pasar a nosotros de maravilla. Vicente de Andrés, Javier Guerra Abreu, María Ordoñez, Redouan Senhaji, Bruno Gullo, Lucía Ambrosini, Palmira Cardo,… por nombrar solo a unos cuantos. Hasta quince, interpretando Malabares, El Run Run, La Raja de tu falda, Partiendo la pana, Como Camarón,…

Y al finalizar nos regalan la esencia auténtica de MAYUMANA. Participamos con ellos, seguimos su ritmo, dejamos que las palmas repitan lo que ellos nos proponen. Y cerramos el ciclo. Ellos empezaron hablando con las manos. Nosotros se lo agradecemos con las nuestras, aplaudiendo.