EL POETA Y EL VIENTO: El viaje de León Felipe

Alberto Morate

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León Felipe fue mi poeta de cabecera. Cuando tenía aproximadamente quince años, el poeta zamorano de Tábara me acompañó en las largas tardes de domingo y soledad, leyéndolo en voz alta, paseando por el largo pasillo de casa de mis padres, porque a León Felipe hay que leerlo en voz alta y caminando.

Me sacó del tedio y me introdujo en la poesía. Y en el teatro. Y lo hizo como si tal cosa, como si no estuviera forjando lo que soy hoy en día. Una persona que se cree sensible, que adora la poesía y la escena, que siente, en definitiva. Y eso me lo hizo León Felipe y sus Versos y Oraciones del Caminante, su Ganarás la luz, su Hacha, su Poeta Prometeico, su Payaso de la bofetadas, su Antología Rota,… Y lo hizo de la mano de mi maestro y hoy amigo, Moisés Ruano, con el que he compartido el placer de asistir en la Sala Tarambana a este montaje sensible y sencillo titulado El Poeta y el Viento: El viaje de León Felipe por la compañía Katua & Galea de Salamanca, dirigido por David Galeano e interpretado de forma cercana y delicada por Pilar Borrego.

Teatro de objetos, de poesía, de títeres, como lo clasifican ellos. Pero yo diría algo más. Es teatro intimista, de sentimientos, de cultura, al querer dar a conocer a este poeta olvidado por no conocido, caminante incansable que se lo llevó el viento, su viento, que dijo lo que había que decir, que grita, que sufre, que protesta, que siente,…

Y que nosotros, espectadores, también sentimos. Nos cuentan su periplo, su trashumancia, su devenir, su destino, porque como él mismo dijo, los poetas no tienen biografía, y nunca se vuelve, nunca. Pero sí hay que rescatarlo, y traerlo con nosotros, para que no se nos olvide, para conocerlo de nuevo, para comprenderlo mejor, porque las palabras en el viento a veces no se entienden bien, pero León Felipe habla claro, y contundente, y con el corazón,… Acompañémosle en este su viaje, pisando ese guijarro humilde, piedra pequeña y ligera.