La Casa de Bernarda Alba

Alberto Morate

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Lorca. Siempre Lorca. Pase lo que pase y lo represente quien lo represente. Lorca es pasión, es entrega, es drama, es dureza, es poesía, es grandeza.

No me cansaré nunca de Lorca. Hoy he visto un nuevo montaje de La Casa de Bernarda Alba. Nunca muere. Nunca pasa de moda. Nunca decepciona. Es Lorca, mi Lorca.

En esta ocasión quien lo lleva a escena es Santiago Meléndez. Y Meléndez lo entiende. Lo hace suyo, lo quiere. No podía ser de otra forma. Puede chocar esa gran pantalla de fondo blanca, pero que irá adquiriendo las tonalidades necesarias. Rojo de sangre, amarillo u ocre del aburrimiento y la sequedad, naranja del calor, azul de la noche,… Y las sillas, imprescindibles. Y las hijas, las mujeres. Como muebles, como sillas, de negro, rigurosamente enlutadas. O de blanco con la enaguas de una pureza falsa.

Una Bernarda, en esta ocasión, un poco más humana. No mucho. Pero algo más. Que sufre también. Pero que sigue temiendo más el qué dirán que lo que realmente pasa. Que niega la tormenta que hay en su casa. Pero que ríe, o sonríe, alguna vez. En las anteriores versiones nunca la había visto esbozar una mediana sonrisa. Que en lugar de ejercer su autoridad con energía y casi violencia, le pesa y llega a temer que la situación se le escape de las manos. No será así porque lo tiene controlado. Porque Federico no la deja, han respetado el texto al máximo. Y con eso sería suficiente para que me gustara.

Pero es que encima lo hacen bien. Todas. Desde Poncia, Rosa Lasierra, fuerza, garra, hastío, contención,… hasta Bernarda, María José Moreno, insisto, más humana, más madre quizá, y sin perder su fuerza menos tirana, pasando por Adela, Inma Oliver, tierna, sensible, justa, extraordinaria en su gesto; Angustias, Ana García, qué bien encarna su personaje de hermana distanciada; Martirio, cara de martirio y desolada; Magdalena y Amelia, Gema Cruz y Minerva Arbués, respectivamente, asumiendo su rol de comparsas. Y María Josefa, Pilar Doce, contrapunto necesario para no volverse loco en esta casa.

La casa de Bernarda Alba, donde se hace la oscuridad por un afán de aparentar, pero donde hay cinco muchachas vivas, que no quieren ser enterradas. ¡Qué grande Lorca con este drama! ¡Qué grande esta compañía que se atreve con un clásico del que todos opinan y creen saber más que nadie! ¡Qué grande que estén en esta sala grande del Fernán Gómez! ¡Este es un teatro que siempre nos hace falta!