Terapia BAJO TERAPIA

Alberto Morate

bajo-terapia

Nada es lo que parece. Ni en el teatro ni en la vida. En el teatro lo aceptamos como un engaño pactado y mutuo y aplaudimos si la mentira está bien pergeñada. En la vida, nos comportamos de diferentes formas según con quién estemos y cuando. Por eso muchas veces necesitamos terapia. Y no necesariamente con un psicólogo.

Para mí es terapéutico escribir y asistir al teatro, como en este caso. Para otros es estar solos, para muchos confesarse con los amigos, y los casos más difíciles hay que dejárselos a un profesional que nos escuche, que indague, que vaya al final (o al principio) del asunto.

Decía que es terapéutico asistir al teatro y, en concreto, a esta función tan perfectamente estructurada, tan cuidada en su tema, tan magníficamente interpretada y tan elegantemente dirigida.

El autor de Bajo Terapia, Matías del Federico, le da una vuelta de tuerca más a la dramaturgia de psicólogos. Ya habíamos visto en El método Grönholm o en Toc Toc que se puede hablar y representar problemas humanos personales y de relaciones a través de la comedia, de la risa, y ese puntito de melancolía interna o drama que también y tan bien sabía darle Miguel Mihura a sus obras.

Aquí Matías del Federico lo consigue muy acertadamente. Nos pone sobre el escenario una variedad de relaciones entre parejas difíciles y complicadas. Como son todas las relaciones. Las de la convivencia por costumbre y rutina, las de los que son precavidos, las del que se ve sometido, las de los engaños y la incomunicación,… en fin, problemas cotidianos, sexo, futuro,…

El director, Daniel Veronese, le da ritmo y agilidad. Es necesario. Sobre todo al principio, hasta bien entrada la mitad de la obra, los personajes hablan y hablan, no paran, no callan, hay que conocerlos, y solo por sus actitudes vamos sabiendo cómo es cada uno. Sobre todo, de qué pie cojean, entre chascarrillo y broma, se van soltando, van siendo cada vez más sinceros entre ellos y hacia ellos mismos. Y el humor se torna amargura y en terapia de grupo. Después se verá que la sinceridad también es un engaño, pero no desvelaré la sorpresa, para conocerla hay que ir a verla al teatro Marquina.

Los actores, del primero al último, están inmensos. Muy creíbles, (teniendo en cuenta que hablamos de engaños desde el principio), y se mueven con soltura en sus personajes, los hacen muy reconocibles en su conjunto social y como si fueran nuestros vecinos. Gorka Otxoa, divertido, imparable, casi como un niño; Manuela Velasco, con un personaje de pasado semioculto; Melani Olivares, elegante, decidida, que no se amilana; Fele Martínez, estupendo en su personaje incisivo; Juan Carlos Vellido, tremendo, solo con los gestos se le ve cuál es su punto oculto, y Carmen Ruiz, también impresionantemente contenida, sometida, su actitud lo dice todo.

Todos sometidos a una terapia dirigida desde fuera, internamente vivida. La mentira deja paso a la verdad, y lo que es verdad es que esta obra de teatro es una terapia para los espectadores que asistimos.