Leo Harlem, en Hasta Aquí Hemos “Llegao” y nosotros con ellos

Alberto Morate

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La idea parte de una buena premisa. Tres cómicos tienen su encuentro en un aeropuerto dispuestos a acudir a uno más de tantos bolos. Ya desde el principio, cada actor se va presentando con sus peculiaridades. Con sus estilos bien diferenciados cada uno, aunque complementarios, contándonos su visión de la vida en general y de aspectos cotidianos y cercanos.

Comienza Leo Harlem haciendo los honores, desbaratando y echando por los suelos aquello que nos circunda: la tecnología actual, Madrid, la gente, los viajes,… Es una mirada catastrofista en muchas ocasiones pero terriblemente irónica, humorística, exagerada, caricaturesca.

Nos presenta a Sinacio, también curtido en las lides de monologuista y facedor de guiones con punta. Su estilo es menos sutil, más de barrena y dinamita, quizá más centrado en su condición de macho y hombre llano, más gritón y exagerado en las formas, en su manera de contar, en sus gestos incluso.

Aunque ahí le gana la partida el tercero en lid. Sergio Olalla, que basa su humor en la ignorancia, en los gestos y movimientos anquilosados pero histriónicos.  Menos ácido con la sociedad pero más jocoso consigo mismo.

Entre los tres, como tres patas `pa un banco`, como diría mi materna, siguen un fino hilo argumental de aeropuerto, hotel, cafetería, escenario y camerino.

El público desde el principio está entregado, buscando la acidez de los dobles sentidos, de la hipérbole humorística con detalles que quizás no se nos hubieran ocurrido a nosotros.

Y nos dejamos hacer reír sin cortarnos, porque nos hace falta, porque reírnos con ellos es reírnos de nosotros mismos y nos conviene, porque, en realidad, lo estamos deseando.

Durante dos horas casi sin tregua lo consiguen. En un espectáculo de tres cómicos, como he dicho al principio, echo de menos algún esqueche entre los tres porque, al fin y al cabo, lo que han hecho y dicho no ha dejado de ser una sucesión de monólogos personales.

Pero aún así, nos ofrecen lo mejor de ellos, hasta que deciden que “Hasta aquí hemos llegao”, porque podrían continuar por un tiempo indefinido y nosotros con ellos, acompañándolos.