No Seré Feliz… Pero Tengo Marido

Alberto Morate

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A veces me enfrento a ver una obra de teatro sin saber absolutamente nada de ella. Me gusta ir virgen, por decirlo de alguna manera, a que me sorprenda, me disguste, me cale hondo, me aburra, me admire,… dispuesto a todo. Otras, conozco el texto previamente, a autores, director o actores que me pueden dar una cierta garantía de lo que voy a ver. En algunas ocasiones, hago un estudio de texto y autor, me documento, me informo, indago,… ¿Cuál es la mejor de las opciones? Creo que todas son igualmente válidas. La cuestión es que esa obra de teatro, ese texto, ese montaje, sea un buen espectáculo. Trabajado con rigurosidad, con cariño, con riesgo, con respeto, con ganas, con dedicación, con amor,…

Rara vez me he encontrado obras que no merezcan la alegría. Y trabajos muy bien hechos. Y textos desconocidos sorprendentes, y directores entregados, y actores vivenciales,… Con más o menos presupuesto, en salas grandes o pequeñas, con gente conocida (“famosa” entre comillas) o conocida por el mundo teatral, dejándose la piel cada día durante muchos años.

Pues bien, toda esta introducción viene a colación, porque fui a ver No seré feliz… pero tengo marido de Viviana Gómez Thorpe sin saber nada de ella. Ni de la autora, ni de la obra, ni siquiera de quién la interpretaba. Solo que está en el Teatro Muñoz Seca. Por supuesto, sé quién era Muñoz Seca, y sé que teatro es. Ahí he visto cosas muy buenas y no tan buenas, pero hay que alabarle el trabajo por mantenerlo a flote, por su elegancia en la programación, por intentar que el teatro de mantenga y para toda clase de público.

Me guié por el título. Pensé, tiene que ser una comedia con tintes de crítica social. Y no me he equivocado. No sabía que era un monólogo, muy bien interpretado por Linda Peretz, sobre el guion de un libro de éxito en Argentina homónimo de  la autora antes mencionada, Viviana Gómez Thorpe. Bien conducido por Manuel González Gil en la dirección. No escamita en atrezo para ilustrar la representación, y eso está bien.

Pero… (ya salió el pero tan denostado) efectivamente, el texto está bien trabajado, bien construido, aunque a mi modo de ver, efectivamente, es de hace 16 años. Lo hemos oído demasiadas veces. Los mismos tópicos y los mismos prejuicios. La institución del matrimonio, el marido que solo se preocupa por el fútbol y el coche, y que no habla, la mujer pendiente que le critica pero sigue con él porque tira de tarjeta,… las excusas, los engaños, la incomunicación,…  Sí, todo eso es crítica social, está bien contado, pero es lo mismo de todos los días desde hace muchos años. Muchos monólogos se ha hecho ya sobre esto. Y algunos realmente buenos. Este también lo es, no hay que negarlo, pero nos suena a repetido.

Linda Peretz añade aquí la participación sutil del público rompiendo la cuarta pared y se agradece por las propias respuestas de los espectadores. Consigue darle también ese punto de tristeza y soledad que se requiere. Bien las intervenciones de las voces en off.

Lo dicho es un buen espectáculo, pero sin saber nada de él, ya lo habíamos visto.