“Pánico” controlado

Alberto Morate

panico

El pánico no puede controlarse. Puede durar minutos, horas, años. Cuando uno siente pánico no quiere oír ni hablar de esa misma palabra. Se tiene pánico al pánico. Y aunque intenten ayudarnos, hasta que no comprendamos que somos nosotros mismos los que debemos salir de ese túnel, no tendremos nada hecho.

En Pánico de Mika Myllyaho, dramaturgo finlandés, tres hombres jóvenes pero maduros, dos hermanos y un amigo común, viven una situación de pánico individual aunque se esfuercen en negarlo, aunque quieran obviarlo, aunque quieran pasar de puntillas por esa crisis como para no molestar a ese mismo pánico del que estamos hablando.

La contumacia de uno de ellos a mejorar, a entender lo que le está pasando, desencadenado por un malentendido, por una expresión de su pareja, la dificultad de hacer introspección, hace que se abra la vía de lo que les pasa a los otros dos.

Los tres están solos. Ninguno de los tres quiere reconocer que se necesitan y necesitan sacar afuera sus demonios. Hasta que no se plantean cómo hablarán de ellos cuando hayan muerto, no comprenderán que se puede salir del hoyo, que pueden tener el control de sus emociones pero, sobre todo, de sus terrores.

Y para hacer esto creíble y real, contamos con tres actores grandes, bien compenetrados, perfectamente medidos y dirigidos por Quino Falero. Y lo que empieza siendo más o menos cómico, divertido, jocoso, se convierte al final en un conflicto dramático y duro, hasta doloroso.

Guillermo Ortega, Felipe Andrés y Mon Ceballos, ejercen su profesionalidad con emocional vivencia. Imposible destacar a ninguno de ellos. Los tres tienen su momento álgido, intenso, grave, su sentida interpretación que llega al culmen cuando más desesperados están y entre los tres exhiben una fuerza inusitada de desgarro.

Hasta ese momento la comedia ha evolucionado amablemente, amena, ocurrente, aunque ya se va intuyendo que acabará aflorando el drama interno de cada uno de ellos.

Texto denso y entretenido al mismo tiempo. Interpretación sensible y vitalista. Puesta en escena certera y bien dirigida. Requisitos y síntomas indispensables para el éxito y tener controlado este ataque de pánico.