Cosas de papá y mamá, vuelta al pasado

Alberto Morate

Entrar a ver Cosas de papá y mamá de Alfonso Paso es entrar en el túnel del tiempo. Es viajar al pasado cincuenta y cinco años y aprestarse a contemplar una historia de los años 60 en cuanto a texto, situación, trama,… porque sí es verdad que utilizan nuevas tecnologías para el decorado, con cromas en los que proyectan el ambiente adecuado, pero mantienen el teléfono de rueda, nombrar las pesetas y el hecho de que por quedarse (supuestamente) embarazada la mujer tenga que casarse.

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No voy a poner en duda la calidad teatral de Alfonso Paso, que en su época tuvo un gran éxito popular, pero también es cierto que de tan prolífico que fue tienen guiones acertadísimos y muy divertidos y otros que, sin perder su impronta, bajan más en cuanto a enredo argumental.

Creo que Cosas de papá y mamá es de estos últimos. Al menos, para representarlo hoy en día. Ya nadie cuestiona que una pareja de jubilados, con más o menos achaques reales o inventados, puedan sentir algo especial entre ellos, que se enamoren o incluso que sientan atracción física. Lo que es menos creíble es que a toda costa tengan la necesidad de casarse porque, entre otras cosas, perderían una de las pensiones.

El intento de poner un toque de sentimentalismo al estilo de Mihura, podríamos decir, apelando a la libertad de emociones y a que el amor rejuvenece y nos hace más entusiastas y menos introspectivos tampoco es suficiente para calar hondo en una historia un tanto ajada.

El juego de que los hijos se opongan de la misma manera que lo harían los padres podría haber sido más ingenioso, así como la resolución del conflicto. Mas no tenemos que olvidarnos de que la obra es de 1960 y la han mantenido tal cual se representó en su día.

Bien es cierto que el público que acudió al Teatro Arlequín tenía una media de edad parecida a la de los protagonistas, y rieron, aplaudieron e hicieron comentarios en voz alta solidarizándose con sus coetáneos.

María Luisa Merlo y Juan Meseguer defienden bien sus personajes, aunque para mi gusto sobreactúan demasiado, quizá pensando que tienen que dar más fuerza gestual a los dos ancianos enamorados. Alberto Delgado, Naim Thomas y Marta Valverde, están correctos, intentando también defender una situación que ni ellos mismos se han creído.

Si se quiere revisitar la obra de Paso, hubiera sido preferible barajar otros títulos más acertados, que los tiene. De momento, habrá que conformarse con este.