Usted puede ser un asesino

Alberto Morate

No puedo escribir nada de la obra Usted puede ser un asesino sin antes mencionar a su autor: Alfonso Paso. Prolífico donde los haya, tuvo que pagar el precio del éxito y de la repudia por partes iguales. Es lo que tiene escribir tanto. Y lo que tiene ser hombre de éxito y que sus obras estuvieran en cartel simultáneamente en diferentes teatros. Que se crean envidias. No se puede negar que Alfonso Paso conocía bien, no solo la estructura dramática, sino la fibra cómica que hacía que sus espectadores rieran a mandíbula batiente. Era avispado, inteligente, sagaz, oportuno, egocéntrico, divertido e ingenioso. Pero como su finalidad última y casi exclusiva era hacer reír, posteriormente no ha tenido ese halo casi mítico de las obras de Miguel Mihura con su deje melancólico y social, de Víctor Ruiz Iriarte más poético y quizá crítico, de José López Rubio o de Antonio Lara ‘Tono’.

Sin embargo, en el año 1958, que es cuando se estrena Usted puede ser un asesino, Agatha Christie tiene en cartel Una visita inesperada y Veredicto, compitiendo con ella en el ámbito de los asesinatos, del misterio, de las investigaciones por resolver. Alfonso Paso, a modo de ironización de los argumentos detectivescos, crea esta comedia, perfecta en sus personajes, inverosímil en la trama pero con la lógica de la literatura de misterio y el suspense donde la solución no tiene por qué ser la esperada.

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En este montaje de la Compañía Lírica Ibérica saboreamos la puesta en escena elegante y centrada en el trabajo de los actores y en el texto en sí mismo. José Luis Gago, como director e intérprete principal de la misma, está atento a los gestos, al ritmo, al buen fluir de cada escena sacando partido de todo el elenco, dando naturalidad a lo estrambótico y respetando autor y texto como si de una comedia clásica del siglo de oro se tratara.

Estrella Blanco llena la escena con su sola presencia. Incontenible en la verborrea que tiene asignada por el personaje, le saca todo el partido posible, se hace querer, vuelve loco al inspector, al marido, y a los espectadores. Encantadora locura.

Víctor Benedé da a su Enrique, amigo incondicional del protagonista, el matiz corporal perfecto, la apatía psicológica necesaria para que se derrumben todos sus esquemas y, sin embargo, se mantenga en pie con tal de no estropear nada. Es el gafe que piensa que toda la culpa es suya. Graciosísimo en sus gestos, perfecto en sus réplicas, dando categoría a los personajes principales.

El resto de la Compañía cumple a la perfección con su cometido. Brigitte, Natalia Jara, en un saber estar sin decir muy complicado, y Antonio MM como el inspector que se muestra contrario a la imagen que tenemos de los mismos, nervioso, deductivo por casualidad, influenciable.

Todos a la altura de esta gran comedia que, si bien nos retrotrae a tiempos pretéritos, es importante rescatar y revisitar de vez en cuando para no caer en la tentación de “asesinar” hitos y hechos teatrales que en su día estuvieron bien vivos.