¡Qué DELIZIA!

Alberto Morate

delizia

En principio Delizia, que se representa en el Teatro Bodevil, tiene como excusa la presentación en un restaurante de diferentes platos a través de su chef, su cocinera, su maître, sus camareras, sus pinches, su encanto, su degustación culinaria, sus sorpresas delicatessen,… Sin embargo, a poco de comenzado el espectáculo lo que haremos es un recorrido a través del tiempo con las músicas, canciones, coreografías, acrobacias, de diferentes lugares y estilos.

Mientras tanto, nos irán ofreciendo un real y auténtico menú italiano aunque el risotto resulte trampantojo y sea pasta, la panceta sea ibérica y el pollo y la ternera pueda ser (un suponer) europeo y americana respectivamente.

Divertidos, animados, sorprendidos, asistiremos a un cóctel de buenísimas voces, estupendos bailes, arriesgados vuelos en Tela Acrobática, personajes de ayer y de siempre, un poco de juego erótico, un mucho de musical de cabaret en esencia pura.

Aplaudiremos con delectación los éxitos de Marilyn Monroe o de Bruno Mars, de James Brown y Madonna, Supremes o la mejor canción del Cabaret de Berlín, el swing de Glenn Miller, a los soldados y marineros americanos  (Tu vuo fa l’americano) bailando al tiempo que seducen, el diálogo de las castañuelas y el “zapateao” del mejor flamenco español, el cancán francés,… todo tiene cabida en este musical que no necesita hilo conductor ni argumento concreto. Los números se van sucediendo sin tregua, los artistas se integran con el público, nos hacen sus cómplices, nos regalan sus encantos.

El espectador se siente cómodo en este local. Brillan las luces, el piano nos da la bienvenida, los camareros atienden con premura, la cena es buena. Sin esfuerzo, recordamos viejos éxitos que todos nos sabemos de memoria. Admiramos la intrepidez de los acróbatas, nos reímos con la desfachatez de la maître. Contemplamos con deleite las coreografías tanto de ellas como de ellos o conjuntas, sentimos las voces de Keisy, de Litus, de Inés León debajo de la piel. Aplaudimos con denuedo su entrega.

Al final hemos estado tan imbuidos del ambiente festivo, musical y gastronómico, que no echamos de menos esa línea argumental que justifique una historia. No ha hecho falta. Solo hemos disfrutado durante más de dos horas. ¡Qué Delizia!